Como bailando tango

“Como bailando tango  milonga”

Compilado por Manlio E. Wydler (º)

Lo llamamos conectar, tener feeling o química. Pero en realidad el éxito de las relaciones entre las personas depende de la sincronización de sus ondas cerebrales. La investigadora holandesa Susanne Dikker, doctora por la Universidad Nueva York, lleva años desarrollando experimentos e instalaciones en los que se mezcla la neurociencia, el arte y la educación, con los que subraya el papel de la sintonía de la actividad cerebral a la hora de conseguir que la interacción social funcione.

 

ABC ha asistido a una demostración práctica en la Escuela de Ciencias del Miami Dade College, en la que se desarrollaron varios ensayos de muestra. En cada prueba se colocaba a dos personas frente a frente y mirándose fíjamente a los ojos, en cada ocasión con un distinto grado de relación entre ellas. A través de unos electrodos, durante un minuto se les midió la actividad de sus neuronas 30 veces por segundo y, cuanta más cercanía tenían, mayor era la coincidencia registrada. “Hacemos un electroencefalograma de una y de otra y comparamos si las ondas bajan y suben al mismo tiempo”, explica Dikker.

 

Por ejemplo, la sincronización era mayor entre dos chicas que eran pareja sentimental que entre dos perfectos desconocidos. “Ni siquiera necesitas que entres en una interacción directa”, precisa, ya que la sincronización “es algo que ocurre entre personas que se conocen mejor o que se sienten más cercanos” y no siempre hace falta hablar para que se produzca.

Todavía no es posible saber cuál es la fórmula mágica que hace posible que dos personas llegan conectar -y que haría las delicias de quienes se dedican al speed dating o de los responsables de marketing de las empresas-, pero Suzanne Dikker cree que se están dando pasos para ello. O al menos para saber exactamente “qué significa esa pregunta en sentido científico y qué subpreguntas hay que hacer para llegar a la conclusión”.

 

Aunque por ahora no se puede determinar a partir de qué nivel de sincronización se puede decir que hay o no feeling, sí se pueden establecer comparaciones y ver quién tiene más o menos. “Tienes que comparar con una encuesta, un grupo con otro, una condición con otra condición…, porque en cuanto a números absolutos no significa nada”, señala la investigadora, que trabaja en el laboratorio de David Poeppel en la Universidad de Nueva York y el de Jos van Beckum en la Universidad de Utrecht. Además, agrega, “el electroencefalograma mide cuando ocurre algo en el cerebro, pero no puede medir muy bien donde en el cerebro, de dónde viene la actividad”.

 

El estudio de la sincronización de ondas no se realiza solo entre personas, sino que la doctora Dikker también lleva a cabo experimentos con grupos. En este sentido, se siguió a un grupo de estudiantes de instituto durante un curso escolar y se recogieron sus datos y los de su profesor para investigar las conexiones entre los alumnos y su grado de interés en la clase. Según la investigadora, cuando algo de lo que se está impartiendo les gusta más, “sus cerebros se conectan con los de los otros estudiantes”.

 

Pero para lograr la sincronización de ondas cerebrales y que se produzca la interacción social, precisa, es clave el proceso de “entrenamiento con nuestro entorno” y la forma en que entendemos el mundo, desde la música al movimiento, la luz o las formas de los objetos. “Si un grupo de personas se enfocan en algo exterior que tiene ritmo también se van a sincronizar sus cerebros, porque están sincronizando con lo que pasa fuera”, señala Suzanna Dikker.

 

En este sentido, es fundamental cómo el cerebro desarrolla la capacidad de anticipación. Uno de los resultados que la científica holandesa ha observado en el laboratorio es que “si se puede anticipar mejor lo que alguien te va a decir, si puedes terminar las frases, eso resulta en una mayor sincronización de la actividad del cerebro”. “Todos, cuando caminamos en pareja o en grupo, adaptamos el ritmo unos a otros, y eso tiene que ver mucho con la anticipación, aunque es en nivel de milisegundos”, señala. De hecho, agrega, “la conversación es como un baile, nos sincronizamos, lo que es facilitado por la anticipación y el cerebro es inherentemente rítmico”.

 

Dentro de su faceta artístico-pedagógica, destaca la creación de la Mutual Wave Machine (en español, algo así como Máquina de Ondas Compartidas) junto con el artista Matthias Oostrik. Consiste en una cápsula esférica y completamente oscura en la que se sientan dos personas con electrodos en el cráneo y que se va iluminando en la medida en que se produce la sincronización de ondas, reflejando la sintonía entre ellos en tiempo real. Cuando la esfera se llena de luz, la conexión entre ambos sujetos es plena.

 

También ha realizado pruebas con bailarines de tango o milonga  a los que se les realizaba encefalogramas con aparatos inalámbricos y cuya sincronización cerebral quedaba reflejada al tiempo que acompasaban sus movimientos.

 

Hay pareja tan “entrelazadas” que pueden bailarlos sin que el hombre anticipe sus movimientos con la mano apoyada en la cintura de su compañera.

 

(º) Ingeniero, Presidente de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

 

Para comentar: manliowy@yahoo.com.ar

 

 

 

 

 

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