El Gravestar

 

“El Gravestar”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

La gravedad es, sin duda, una fuerza muy distinta a todas las demás. Entre otras cosas es la más débil de todas las fuerzas. Basta frotar un trozo de plástico con un paño para que atraiga por electricidad estática a pequeños trozos de papel, frente a la gravedad provocada por un planeta entero. El electromagnetismo es mucho más poderoso que la gravedad, además permite la existencia de átomos, de moléculas, de química y de la vida. La fuerza fuerte permite la existencia de los núcleos atómicos y de las reacciones nucleares. Sin esta fuerza no habría elementos, sólo una sopa de partículas. La fuerza nuclear débil es responsable de las desintegraciones y, aunque es concebible un Universo con vida sin ella, también es fundamental.

Pero la fuerza que construye el Universo a gran escala es la gravedad. Quizás, el problema de los últimos 100 años de la Física teórica haya sido desarrollar una teoría del todo en la que la gravedad esté en pie de igualdad a las demás fuerzas. Puede que todo sea un producto de nuestra mente, de nuestros prejuicios de llamar “fuerza” a entes que son muy distintos.

Pese a que la gravedad es débil, el crecimiento de masa-energía hace que esta fuerza termine al final ganando a cualquier otra cosa.

En una estrella hay tal acumulación de masa que la gravedad es inmensa. Una estrella es una esfera de plasma en equilibrio. La agitación de las partículas del interior, debido a la elevadísima temperatura, provoca una presión hacia el exterior que contrarresta la gravedad e impide el colapso. Si la estrella se enfría, la gravedad contrae la estrella y aumenta la temperatura de su núcleo.

La estrella puede ir pasando a fusionar elementos cada vez más pesados hasta que no puede más. Si se trata de una estrella ligera como el Sol, o aún más pequeña, la estrella termina saliendo de la secuencia principal y se torna una gigante roja, mientras que su núcleo se transformará en una enana blanca que finalmente será una enana negra una vez se enfríe del todo.

Si tiene suficiente masa, las reacciones de fusión llegan hasta el hierro, cuya fusión no proporciona energía y, por tanto, no se genera calor y no se puede impedir el colapso por gravedad. Parte de la masa en caída libre rebota empujada con un gran flujo de neutrinos en lo que constituye una supernova de tipo II. El resto tendrá un final que dependerá de la masa restante del remanente que haya quedado. Si es poca masa se obtiene una estrella de neutrones, básicamente un objeto de unos 10 km con una densidad de núcleo atómico bajo una gravedad intensísima. Las partículas de la estrella de neutrones (básicamente neutrones) impiden el colapso debido al principio de exclusión de Pauli a ser fermiones.

Pero si la masa es superior a esa masa, entonces se supone que no hay nada que impida el colapso total y se forma un agujero negro, una singularidad de densidad infinita alrededor de la cual la curvatura del espacio también se ha hecho infinita y que esté rodeada por un horizonte de sucesos que impide al resto del Universo contemplar dicha singularidad. Debido a la curvatura del espacio que rodea al agujero, básicamente con forma de embudo afilado, nada que cruce el horizonte puede volver a salir, ni siquiera la luz.

Un agujero negro parece el inevitable fin de las estrellas de gran masa. El único más allá de una estrella de neutrones es el agujero negro. Sin embargo, desde hace un par de décadas se viene especulando con la posibilidad de un caso intermedio: un gravastar o una estrella negra, unos objetos ultradensos e iguales a un agujero negro en apariencia, pero sin singularidad central ni horizonte de sucesos.

En principio se sugirieron estos entes como una solución al problema de destrucción de información que representan los agujeros negros y tema sobre el que, a día de hoy, no hay una solución satisfactoria.

La cuestión es si realmente ese tipo de objetos se pueden formar y cómo. Para ello se necesita algún mecanismo que pare el colapso irremediable.

Ahora, Raúl Carballo-Rubio (Escuela Internacional de estudios avanzados de Italia) publica un estudio que proporciona un nuevo modelo que podría permitir la existencia de una alternativa a los agujeros negros.

Como todos sabemos ya, la teoría cuántica de campos permite la existencia fluctuante de partículas virtuales que llenan el espacio y que aparecen y desaparecen continuamente. De este modo, el vacío no está vacío del todo.

En estudios previos se comprobó que bajo las energías implicadas en los colapsos antes descritos, estas partículas virtuales pueden polarizarse y disponerse entre ellas según sus propiedades a la manera como lo pueden hacer un conjunto de imanes.

Carballo-Rubio calculó que la polarización de estas partículas puede producir un efecto colateral que generaría una fuerza que es de repulsión en lugar de atracción. Esta fuerza impediría el colapso total y la formación de un agujero negro tradicional. En su lugar se produciría un gravastar.

El efecto repulsivo se basa en que cuando las partículas virtuales están polarizadas, el vacío que ocupan tiene energía negativa y esta energía negativa curva el espacio en sentido contrario a la masa-energía tradicional.

En otros modelos previos se llegaba a dos casos distintos. En uno de ellos un vacío de este tipo que estaría rodeado de una concha de materia, en lo que sería un gravastar propiamente dicho. Otro modelo sugería un objeto constituido materia y energía de vacío entrelazados formando lo que se ha llamado una estrella negra. En ambos casos se trataría de objetos muy densos que curvarían fuertemente el espacio que los rodease, afectado a la luz que pasara cerca. Serían bastante indistinguibles de un agujero negro tradicional, sobre todo por su negrura.

El modelo de Carballo-Rubio da como resultado un objeto mixto o híbrido entre esos dos objetos, uno en el que la materia y el vacío cuántico polarizado se extienden por el espacio, pero con la materia más concentrada en la capa externa que en el núcleo central.

Este resultado proporciona una nueva solución a las ecuaciones de Einstein de la Relatividad General para objetos ultradensos en colapso que son distintas a las típicas de los agujeros negros y que no presenta singularidades ni horizontes de sucesos.

Puede que este tipo de objetos exóticos sean matemáticamente posibles, eso no significa necesariamente que existan en la Naturaleza. No está claro que un remanente estelar pueda evolucionar hasta tener este tipo de estructura. Y, si se alcanza, tampoco está claro que sea estable y que más tarde no se produzca un colapso hacia un agujero negro. Además, no se sabe si el efecto es o no lo suficientemente intenso como para permitir la suficiente presión que se oponga a la gravedad.

La mejor manera de comprobar si este tipo de objetos existen en la realidad es a través de las ondas gravitacionales (OG) que se generarían en el choque entre dos de ellos y que se podrían detectar ahora con LIGO y Virgo. Al no haber horizonte de sucesos en este caso, las OG generadas rebotarían sobre ellos (en lugar de ser absorbidas), produciendo ecos que podrían ser registrados. Ecos que en los eventos detectados hasta ahora no se han visto, pero que podrán verse en el futuro.

(°) Ingeniero, Pres. H. de FAPLEV, Vecino Solidario 2001

Foto

Ex estrella cercana.

“Pequeña estrella por la Nube de Oort”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

Hace cerca de 70.000 años, cuando los humanos ya caminaban sobre la Tierra, una pequeña estrella de tonos rojizos se acercó a nuestro sistema solar y causó fuertes perturbaciones gravitatorias en la población de cometas y asteroides. Un equipo de astrónomos de la Universidad Complutense y de la Universidad de Cambridge han comprobado ahora que, incluso en la actualidad, el movimiento de algunos de esos objetos sigue estando marcado por aquél encuentro estelar. El hallazgo se acaba de publicar en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society Letters.

 

En ese tiempo lejano, los humanos modernos estaban empezando a abandonar África y los neandertales ocupaban en solitario amplias zonas del continente europeo. Fue entonces cuando la estrella de Scholz, llamada así en honor al astrónomo alemán que la descubrió, se acercó a menos de un año luz del Sol. Una distancia muy pequeña si tenemos en cuenta que hoy en día la estrella más cercana, Próxima Centauri, está a más de cuatro años luz de distancia.

 

Durante su aproximación, la estrella de Scholz, que hoy se encuentra a más de 20 años luz de la Tierra, entró de lleno en la nube de Oort, una enorme reserva de rocas heladas de todos los tamaños en los confines del Sistema Solar.

El descubrimiento se hizo público en 2015 por parte de un equipo de astrónomos liderados por Eric Mamajek, de la Universidad de Rochester, en Estados Unidos. Ese año, los detalles del acercamiento de la estrella se publicaron en The Astrophysical Journal Letters.

 

Ahora, los astrónomos hermanos Carlos y Raúl de la Fuente Marcos, junto a Sverre J. Aarseth, de la Universidad de Cambridge, han analizado por primera vez los casi 340 objetos del Sistema Solar que siguen órbitas hiperbólicas (muy abiertas y en forma de V, completamente diferentes de las típicas órbitas elípticas), y al hacerlo se dieron cuenta de que las trayectorias de algunos de esos objetos fue influenciada por el paso de la estrella de Scholz.

“Utilizando simulaciones numéricas -explica Carlos de la Fuente Marcos- calculamos los radiantes o las posiciones en el cielo de donde parecen venir todos estos objetos hiperbólicos. En principio, uno esperaría que esas posiciones se distribuyeran uniformemente en el cielo, particularmente si estos objetos provienen de la nube de Oort; sin embargo, lo que encontramos fue muy diferente: una acumulación estadísticamente significativa de radiantes. Una marcada densidad superior a la media y que aparece proyectada en la dirección de la constelación de Géminis, lo cual encaja con el encuentro cercano con la estrella de Scholz”.

Además, el momento en el que la estrella pasó cerca de nosotros y su posición durante la Prehistoria coincide tanto con los datos de la nueva investigación como con los de Mamajek y su equipo. “Podría tratarse de una coincidencia -dice de la Fuente Marcos-, pero es poco probable que tanto la ubicación como el tiempo coincidan de esa forma”. El investigador también señala que sus datos indican que la estrella de Scholz se acercó en realidad más que los 0,6 años luz señalados en el estudio de 2015.

El acercamiento de la estrella hace 70.000 años no perturbó a todos los objetos hiperbólicos del Sistema Solar, sino solo a aquellos que estaban más cerca de ella en ese momento.

“Por ejemplo -explica el astrónomo español-, el radiante del famoso asteroide interestelar Oumuamua se encuentra en la constelación de Lyra (el arpa), muy lejos de Géminis, y por lo tanto no forma parte del exceso de densidad detectada”. De la Fuente Marcos cree que nuevos estudios y observaciones terminarán de confirmar la idea de que una estrella pasó cerca de nosotros en un período relativamente reciente.

En la actualidad, la estrella de Scholz forma parte de un sistema binario formado por ella misma, con apenas un 9% de la masa del Sol, y una aún menos brillante y más pequeña enana marrón. Los investigadores creen que es muy probable que, hace 70.000 años, nuestros lejanos antepasados tuvieran ocasión de contemplar su débil y rojiza luz durante las oscuras noches prehistóricas.

 

También pudo haber capturado pequeñas porciones del material de la nube. Lo sabremos cuando podamos visitar al sistema.

 

(°)Ing. Manlio E. Wydler, FAPLEV, Vecino Solidario 2001

Uno de nuestros antepasados observa la estrella de Scholz, que hace 70.000 años cruzó nuestro sistema solar

Muere S. Hawking

“Muere Stephen Hawking”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

Stephen Hawking, uno de los científicos más prestigiosos del siglo XX y quizás el icono más popular de la ciencia contemporánea, ha muerto hoy a los 76 años de edad. La Universidad de Cambridge confirmó que el físico falleció a primera hora del miércoles 14 de marzo en su casa de la ciudad británica.

Desde que tenía veinte años, Hawking había vivido con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que provoca la muerte de las neuronas motoras y hace que el cerebro sea incapaz de controlar los músculos. La salud de Hawking había empeorado en tiempos recientes. Hace poco más de un año fue hospitalizado durante un viaje a Roma.

Tras su fallecimiento se han sucedido las condolencias de científicos de todo el mundo. El célebre astrofísico y divulgador Neil DeGrasse Tyson, director del Planetario Hayden de Nueva York, escribió en Twitter: «Su muerte ha dejado un vacío intelectual tras él. Pero no es un espacio hueco. Imagínenlo como una especie de energía del vacío que impregna el espaciotiempo y que se resiste a ser medida».

Raphael Bousso, físico teórico y antiguo alumno de Hawking en la Universidad de Cambridge, explica que su maestro fue un físico brillante que también destacó como divulgador: «Son dos destrezas distintas, y Stephen sobresalía en ambas». Bousso, ahora investigador en la Universidad de California en Berkeley, recuerda cómo tuvo que aprender a sacudirse su asombro y relajarse con Hawking. «Stephen era una persona alegre y desenfadada, no le gustaba que le trataran de una forma excesivamente respetuosa y enrevesada”, añade.

El físico británico nació en Oxford en 1942. Fue diagnosticado con ELA a los 21 años, cuando aún cursaba su doctorado en cosmología en la Universidad de Cambridge. Hawking se percató de que algo raro le pasaba un día que fue con su madre a patinar sobre hielo, según recordaría durante el discurso de celebración de su 75.o cumpleaños: «Me caí y tuve grandes dificultades para levantarme», explicó a la audiencia. «Al principio me deprimí. Parecía que empeoraba muy rápidamente.»

Aunque en un principio los médicos apenas le dieron unos años de vida, su enfermedad avanzó con mucha mayor lentitud de lo esperado. Hawking pudo disfrutar de una carrera activa durante décadas, tanto en su calidad de físico teórico como de divulgador. Sin embargo, fue perdiendo progresivamente el uso de la mayoría de sus músculos, por lo que durante las últimas tres décadas se vio obligado a comunicarse casi exclusivamente a través de un sintetizador de voz.

Con los años, Hawking se convertiría en uno de los nombres más reconocidos de la ciencia contemporánea. Sus libros, en especial Una breve historia del tiempo, se convirtieron en verdaderos éxitos de ventas. También disfrutó apareciendo en cameos de programas y series como Star TrekLos Simpsons o The Big Bang Theory.

Desde un punto de vista científico, su nombre se halla estrechamente relacionado a la física de los agujeros negros, los cuales comenzó a estudiar cuando la comunidad aún los consideraba una mera curiosidad matemática de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. A principios de la década de 1970, Hawking comenzó a preguntarse por el comportamiento de las leyes cuánticas en la proximidad de un horizonte de sucesos, la superficie más allá de la cual nada, ni siquiera la luz, puede escapar. El físico conmocionó al mundo cuando demostró que dicha superficie debía emitir radiación, la cual pasaría a ser conocida poco después como «radiación de Hawking». Así pues, los agujeros negros no eran realmente negros.

Dicha emisión, razonó, haría que el agujero negro se fuese encogiendo poco a poco hasta desaparecer. Aún más impactante para los investigadores fue descubrir que dicho proceso parecía abocado a borrar información del universo, en contradicción con algunos de los principios básicos de la teoría cuántica, como el propio Hawking señaló en 1976.

Quizá porque la mayor parte de su trabajo fue de naturaleza teórica y difícil de comprobar experimentalmente, Hawking nunca recibió el premio Nobel. En 2016, no faltaron quienes se preguntaron si aún estaría a tiempo de obtener el galardón cuando Jeff Steinhauer, del Instituto Technion, en Israel, anunció que había hallado pruebas experimentales convincentes del fenómeno predicho por Hawking, aunque no en un verdadero agujero negro, sino en un sistema formalmente análogo compuesto por átomos fríos. Con todo, algunos expertos consideran que estos resultados no son aún concluyentes y muchos creen que su relevancia para los verdaderos agujeros negros es incierta.

Un indicio más directo de algunos de los hallazgos de Hawking podría provenir del estudio de agujeros negros astrofísicos por medio de ondas gravitacionales, una carrera que hace poco inauguró el Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO). En el pasado, Hawking y otros investigadores habían derivado una relación hoy considerada fundamental entre el área del horizonte de sucesos de un agujero negro y su entropía, una medida del grado de desorden de un sistema.

En 2016, al ser entrevistado por la revista Nature sobre la detección en LIGO de las ondas gravitacionales generadas por la fusión de dos agujeros negros, Hawking dijo que esperaba que las futuras observaciones fueran lo suficientemente sensibles como para confirmar una predicción suya de 1970: que el área del horizonte del agujero negro resultante debería ser mayor que la suma de las áreas de los horizontes de los agujeros negros que colisionaron; es decir, el mismo comportamiento que uno esperaría para la entropía termodinámica de cualquier sistema físico. «Me gustaría que pusieran a prueba mi teorema», señaló.

Considero que su vida fue muy dura, pero no puedo dejar de recordar que estaba convencido que sus toriorizaciones sobre los agujeros negros deseaba borrarlas, por la cuestión de la pérdida de información y los inventos a que dio lugar entre los científicos…..

No tuvo en cuenta que podrían existir universos alternos, algunos con flechas de tiempo yendo al pasado, como vimos que últimos experimentos confirmaban…..o sea que la segunda ley de la termodinámica dejaría de serlo…..

En fin, no me parece tan importante sus trabajos….

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario

Nada de Materia Oscura

“Tampoco se ha hallado materia oscura en la Galaxia”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

Por qué emite la región central de nuestra galaxia radiación electromagnética de gran energía en mayores cantidades de lo esperado? Los instrumentos instalados en órbita a bordo del satélite Fermi de la NASA registran ese exceso y suscitan así un vivo debate entre los astrofísicos. ¿Vuelan a través del espacio del centro de la galaxia más estrellas de lo que se piensa, simplemente? ¿O no será la señal el indicio tan buscado de la existencia de la materia oscura?

La materia oscura es una desconcertante forma de materia que desempeña un papel esencial en cosmología: sin la atracción gravitatoria adicional de esa materia invisible el universo se habría desarrollado después del Big Bang de una manera completamente distinta y los brazos de las galaxias espirales girarían mucho más despacio. Pero hasta ahora nadie ha podido saber si esa forma de materia, que no desprende, emitida o reflejada, luz de ningún tipo, existe de verdad o si no se habrá cometido algún error de concepto.

Si hubiese materia oscura, habría que imaginársela como una rala, invisible niebla en el espacio interestelar. Sus partículas deberían atravesar también la Tierra. Desde hace decenios se intenta dar con ellas en laboratorios subterráneos, sin éxito hasta el día de hoy. Se prosigue con el intento y hasta ha entrado en una nueva fase, pero muchos investigadores han perdido el optimismo.

Observar el cielo es un segundo camino. Se tiene por posible que dos partículas oscuras se aniquilen mutuamente si se encuentran en el espacio. O esa es al menos la predicción de muchas extensiones supersimétricas del modelo estándar de las partículas elementales. Predicen muchas nuevas partículas elementales, entre ellas el llamado neutralino, un apropiado candidato a ser la partícula constituyente de la materia oscura y que, al contrario que otras partículas, se aniquila al chocar con sus iguales.

Y con ello se generarían rayos gamma, que, procedentes del centro de la galaxia, donde se acumula mucha materia oscura, llegarían hasta la Tierra. ¿Esperaría en el centro galáctico, pues, la solución de uno de los mayores enigmas científicos?

Para desencanto de muchos, los escépticos parecen llevar las de ganar en este debate: diversos artículos científicos hacen que sea muy dudoso que el exceso de rayos gamma de la parte central de la galaxia se deba a la materia oscura. Su origen sería menos espectacular, el mismo que la emisión gamma «no excesiva»: púlsares, restos de supernovas o colisiones entre los rayos cósmicos y las nubes de gas.

Hasta ahora se habría estado subestimando el número de púlsares de los llamados de milisegundos. Habría más de los pensados en los 20.000 años de diámetro del bulbo galáctico. Era la conclusión de un estudio de 2015, de Richard Bartels, Suraj Krishnamurthy y Christoph Weniger, de la Universidad de Amsterdam

Los cuatrocientos miembros del grupo de investigadores del instrumento de rayos gamma Telescopio de Gran Área, a bordo del satélite Fermi, también han socavado la explicación mediante la materia oscura: seis años y medio de datos se podían interpretar sin necesidad de recurrir a la materia oscura, como publicaban en 2017.

Y ahora le ha tocado el turno a una simulación por ordenador, de Oscar Macías, del Instituto Politécnico de Virginia, y sus colaboradores de distintas instituciones neozelandesas, australianas y alemanas. Escriben en Nature Astronomy que cuando la simulación concordaba mejor con los datos sobre el exceso de emisión gamma en la región central de la galaxia no era cuando se tomaba como plantilla de esas emisiones una esfera (de materia oscura). El encaje mejor se lograba cuando, primero, se adoptaban como plantilla del gas de las partes más internas de la galaxia, para simular su emisión gamma difusa, unas corrientes de gas sin órbitas circulares, que no son naturales habida cuenta de que la Vía Láctea es una espiral barrada (un bulbo central más como una caja que como una bola, o en algunas galaxias como un cacahuete o una X), lo que además hacía que se descubriesen 64 púlsares ocultos en los datos del Fermi. Y, en segundo lugar, el exceso de radiación se simulaba tomando como plantilla una población central de estrellas con una estructura en X, como descubría en 2016 en la Vía Láctea el observatorio espacial de infrarrojos WISE (es un hallazgo controvertido, pero con una estructura en forma de caja el acuerdo era también mejor que con la esfera de materia oscura).

A un resultado parecido llegaron hace unos meses Bartels y Weniger, con Emma Storm, de la Universidad de Amsterdam, y Francesca Calore, del CNRS francés. En los próximos años, el radiotelescopio MeerKAT y la red de radiotelescopios SKA podrían descubrir púlsares de milisegundos ocultos. Sería el fin del sueño de haber dado con una huella de la materia oscura en el centro de la galaxia.

La expansión del Universo, se explica bien en mi Teoría Cosmológica, que describe lo que existe dentro de un Multiverso, integrado por infinitos universo, encadenados.

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Llamarada estelar en Próxima Centauri

 

“Gran llamarada estelar en Próxima Centauri”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

Próxima b, el planeta extrasolar potencialmente habitable más cercano a la Tierra, el que estaba llamado a convertirse en el primer objetivo de un futuro viaje interestelar, puede no ser más que un erial de cenizas. Un equipo de astrónomos, liderados por el Instituto Carnegie, ha detectado una erupción estelar masiva, una enérgica explosión de radiación, procedente de Próxima Centauri, la estrella alrededor de la que gira Próxima b y la más cercana a nuestro propio Sol. El evento extremo, que ocurrió hace casi un año, pudo arrasar ese mundo esperanzador. Y probablemente no sea la primera vez, lo que puede en cuestión su habitalidad.

 

Los científicos descubrieron la enorme llamarada cuando analizaban antiguas observaciones tomadas por el radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter / submillimeter Array) compuesto por 66 antenas y ubicado en Chile. En luminosidad máxima, la llamarada resultaba 10 veces más brillante que las más grandes enviadas por nuestro Sol cuando se observa a longitudes de onda similares. «El 24 de marzo de 2017 no fue un día normal para Próxima Centauri», asegura Meredith MacGregor, autora principal de la investigación, publicada en la revista «Astrophysical Journal Letters». Próxima b orbita su estrella 20 veces más cerca que la Tierra del Sol. Una llamarada tan grande enviaría a ese mundo con 4.000 veces más radiación que la que recibe la Tierra de los violentos estallidos de su estrella.

La llamarada incrementó el brillo de Próxima Centauri 1.000 veces durante 10 segundos. Esto fue precedido por otra ráfaga más pequeña. En conjunto, todo el evento duró menos de dos minutos de las 10 horas que ALMA observó la estrella entre enero y marzo del año pasado.

Las erupciones estelares ocurren cuando un cambio en el campo magnético de la estrella acelera los electrones a velocidades cercanas a las de la luz. Los electrones acelerados interactúan con el plasma altamente cargado que compone la mayor parte de la estrella, causando una erupción que produce una emisión en todo el espectro electromagnético. Pero en medio está uno de los planetas extrasolares que más expectativas habían levantado en los últimos años.

«Es probable que Próxima b haya sido bombardeado por la radiación de alta energía durante esta erupción», explica MacGregor. Los científicos ya sabían que Próxima Centauri experimentaba brotes de rayos X regulares, aunque más pequeños. «Durante los miles de millones de años desde que se formó Próxima b, ráfagas como esta podrían haber evaporado cualquier atmósfera u océano y esterilizado la superficie, sugiriendo que la habitabilidad puede implicar algo más que estar a la distancia correcta de la estrella anfitriona para tener agua líquida».

 

Una investigación del pasado noviembre que también usó estos datos de ALMA interpretó su brillo promedio, que incluía la salida de luz de la estrella y la llamarada juntas, como causado por múltiples discos de polvo que rodean Próxima Centauri, similar los cinturones de asteroides y Kuiper de nuestro propio Sistema Solar. Los autores de ese estudio dijeron que la presencia de polvo apuntaba a la existencia de más planetas o cuerpos planetarios en el sistema estelar. Pero cuando MacGregor y su equipo analizaron los datos de ALMA pudieron ver la explosión transitoria de radiación emitida por Próxima Centauri como lo que realmente era.

El hallazgo indica que no hay datos que indiquen «que la estrella tenga un rico sistema planetario como el nuestro», dicen los investigadores, y pone en entredicho la habitabilidad del sistema.

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV, Vecino Solidario 2001

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