Asteroide cometario.

“Un asteroide que parece cometa”

Compilado por Manlio E. Wydler (º)

 

Un equipo liderado por Michal Drahus, de la Universidad Jaguelónica de Cracovia, ha utilizado el telescopio Keck II de Hawái para confirmar la existencia de una nueva clase de asteroides, denominados «activos», que emiten polvo de forma espontanea y que durante años ha representado una auténtico rompecabezas para los científicos. En concreto, los investigadores han registrado una muy alta velocidad de rotación sobre el propio eje de uno de estos objetos, P/2015 F5, lo que conllevaría a la explosión del asteroide y a la emisión de polvo y fragmentos de roca visibles en su estela.

Para explicar este comportamiento, los científicos evaluaron principalmente dos hipótesis. Una especula que el fenómeno explosivo sea el resultado de una colisión con un objeto parecido de dimensiones más reducidas; la segunda considera que estos episodios son consecuencia de una perturbación rotacional, por lo que la expulsión de polvo y otros escombros se debería a la fuerza centrífuga producida por la rotación del propio asteroide, lo que provocaría su fragmentación.

Hasta la fecha, los astrónomos han identificado cuatro objetos que pertenecerían a la clase de los asteroides activos, con diámetros de alrededor de una milla y una luminosidad escasa si se observa desde Tierra. Sus dimensiones reducidas representan la dificultad principal para determinar algunas de las características principales que podrían demostrar o refutar las teorías propuestas. Además, a diferencia de los cientos de miles de asteroides del cinturón principal de nuestro sistema solar, que se mueven a lo largo de sus órbitas sin colisionar entre ellos, los activos, descubiertos en 2010, muestran un comportamiento que imita al de los cometas, pues también presentan una cola.

Gracias a las observaciones realizadas con el telescopio Keck II, el equipo de Drahus encontró al menos cuatro fragmentos de P/2015 F5, el cual experimentó un episodio explosivo en 2011. También midieron un período muy corto de rotación (3,24 horas), lo que justificaría la explosión del objeto. «La rotación rápida constituye uno de los mecanismos propuestos para explicar la expulsión de polvo y el inicio de la fragmentación de algunos cuerpos menores y hasta ahora no habíamos podido probar esta hipótesis porque no conocíamos la velocidad de movimiento sobre su propio eje de estos objetos fragmentados», explica Drahus.

«La principal dificultad del estudio de astros particularmente débiles radica en que la luminosidad debe medirse cada pocos minutos, por lo que no es posible realizar exposiciones largas, como las que normalmente se requieren para objetos tan poco brillantes. Por esta razón, necesitábamos un telescopio como Keck II, con un área extensa para la recolección de datos y que fuera capaz de capturar una abundante cantidad de fotones en un tiempo de exposición corto», comenta Waclaw Waniak, también de la Universidad Jagellónica y coautor del trabajo.

Según un artículo publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters, el asteroide P/2012 F5 parece representar el primer objeto del sistema solar que padece una fragmentación por efecto de la alta velocidad de movimiento sobre su propio eje, lo que confirmaría la teoría de la perturbación rotacional, aunque no se pueden excluir del todo hipótesis alternativas como la desintegración debida a un impacto. «Existen muchos asteroides como P/2012 F5 que no muestran indicios de una pérdida reciente de masa, así como otros que se mueven a gran velocidad y que podrían impactar con cualquier objetivo, sea un objeto en rápida rotación o no», aclara Drahus.

(º) Ingeniero, Presidente de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

El asteroide y su cola de restos expulsados:

 

 

 

 

 

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