La biocorrosión bacterial.

“La biocorrosión bacterial del Hierro”

Compilado por Manlio E. Wydler (*)

Antonio Ventosa es el biólogo experto mundial en el grupo de bacterias al que pertenece el organismo capaz de vivir del arsénico encontrado en el 2010. Este grupo es el género Halomonas, un conjunto de especies capaces de vivir en condiciones de alta salinidad.

Ventosa, que lleva más de 30 años dedicado al estudio y clasificación de estas bacterias y en ese tiempo se ha convertido en la primera referencia mundial para este grupo. Desde que se descubrieron por primera vez en las Antillas Holandesas en 1980, él y su equipo han identificado y descrito la gran mayoría de las 66 especies pertenecientes a este género.

Por ese motivo ha tenido la gran oportunidad de realizar el trabajo, junto a su colaboradora Cristina Sánchez-Porro, publicado en la revista International Journal of Systematic and Evolutionary Microbiology, “la Science de la taxonomía de bacterias” sobre el descubrimiento de una especie nueva, llamada Halomonas titanicae encontrada en el casco  naufragado del Titanic.

Desde hace tiempo, un grupo científico de la Universidadde Halifax (Canadá), situada cerca del lugar donde descansan los restos del mayor barco de pasajeros de principios del siglo XX, estudia el efecto que pueden tener las bacterias sobre el acero en el proceso de corrosión. En una de las inmersiones de un submarino ruso hasta el pecio los investigadores canadienses lograron que se tomasen muestras de una de las estructuras esponjosas creadas en el proceso de corrosión sobre el casco del barco hundido en 1912.

Cuando los investigadores canadienses se pusieron manos a la obra a identificar organismos vivos en ese pedazo de metal arruinado por la biocorrosión, se dieron cuenta de que allí había seres vivos que podían estar relacionados con las Halomonas. De forma que enviaron las muestras a Sevilla, al laboratorio que dirige Antonio Ventosa enla Facultad de Farmacia dela Universidad de Sevilla.

“Efectivamente allí había Halomonas, pero cuando nos pusimos a identificarla nos dimos cuenta de que se trataba de una especie nueva que nadie había encontrado hasta ahora”, explica Ventosa. “Le pusimos el nombre de titanicae en honor al curioso sitio donde se había encontrado”.

El pecio del mítico barco fue encontrado en el océano Atlántico a casi 3.800 metros de profundidad, con las condiciones de presión, salinidad y ausencia de luz que esto conlleva.

Estas características convierten a la nueva bacteria en un organismo extremófilo, es decir, que es capaz de vivir en condiciones extremas bajo las cuales la mayoría de los seres vivos no podrían vivir.

(*) Ingeniero, Presidente de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

 

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