Las Sierras de Córdoba y la calidad de vida.

“Las cumbres Cordobesas y el bienestar de los asmáticos”

 

Recopilado por Manlio E. Wydler (*)

 

Cuando se justificó la necesidad y financiamiento del tren que recorriera la  Punilla, allá por 1888, ya el área serrana de la Provincia de Córdoba era famosa desde la época de la colonia por sus bondades para las afecciones en las vías respiratorias, pero fue el ferrocarril el que le dio un mayor impulso a dichos comentarios.

 

Las posibilidades de trasladarse desde Buenos Aires a Córdoba en medio día, comparando con la polvorosa semana que significaba hasta entonces, y sin tener que parar en las “Postas”, primeras “Posadas” de la colonia, significó una realidad para aquellos, que aún con una salud delicada, podrían trasladarse bastante rápida y cómodamente, a las afamadas “Sierras Cordobesas”, incluyendo el tan reputado servicio de “Camarote”, que motivaba que algunos pasajeros del servicio Buenos Aires – Córdoba recién se levantaran de las literas cuando los vagones comenzaban a ser limpiados, y pedían tiempo extra para permitir que una lavada de cara desvaneciera los vahos etílicos, restos de la agitada tertulia y posterior resaca. Desde allí, estación Mitre, a tomar el Tren de las Sierras, había que tomar el TramWay (a caballo, claro) que llevaba hacia la otra Estación (Alta Córdoba), para llegar en otras pocas horas a su destino serrano.

 

No me voy a referir a los enfermos de tuberculosis, que al popularizarse la vacuna, casi desaparecieron como enfermos entre los turistas, a partir de los `40, que también mejoraban su calidad de vida, sino a todos los otros tipos de dolencias pulmonares, asma, neumonías, gripes a repetición, resfríos persistentes, etc.

 

Como casi todos mis primos, empezamos a frecuentar por entonces las sierras del Ñu-porá, en Río Ceballos, y casi milagrosamente al segundo día, no había más fiebre y el cuerpo se llenaba de una diáfana energía.

 

Recuerdo los años de aquellas vacaciones y sus efectos duraderos. Ya la humedad de Buenos aires dejó de afectarnos, tanto que en la década siguiente empezamos a frecuentar las frías aguas del Mar Argentino.

 

Volviendo a Córdoba, enla Hostería“Del Descanso”, donde nos hospedábamos, había unos turistas fijos, que hacía años andaban por esos lugares y pagaban su estadía, colocando alambrados y cortando leña ¡En Buenos Aires vivían postrados!

 

No me canso de aconsejar, que todo el que pueda organizar su vida por las serranías de Córdoba y que este aquejado de estos malestares, la calidad de vida que lograrán, no tiene precio y las medicinas aún no logran. Además que estarán rodeados de paisajes hermosísimos.

 

Es un clima el serrano que vivifica el organismo, merced a la pureza del aire, su altitud no muy alta de600 metrosen promedio, algo de ozono de altura, muy baja humedad, entre 35 y 50 %, agua mineral de vertientes, etc., hacen a estos lugares sitios que muchos tienen por mágicos y lo se por experiencia propia.

 

(*) Ingeniero, Presidente dela FundaciónArgentinapara los Espacios Verdes, Vecino Solidario 2001.

 

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