Los Martemotos.

“Emisión de calor termal en Marte”

 

Compilado por Manlio E. Wydler (º)

Hace poco, un equipo de científicos europeos, encabezados por el geólogo británico Gerald P. Roberts (Universidad de Londres), publicó un documento en el prestigioso Journal of Geophysical Research. Un trabajo basado, principalmente, en el estudio de imágenes tomadas por la sonda Mars Reconnaisance Orbiter (MRO) de la NASA, en órbita marciana desde 2006. Entre los instrumentos de la nave, se destaca la HiRISE (High Resolution Imaging Science Experiment), una cámara de altísima resolución, capaz de fotografiar detalles del tamaño de una persona en la superficie del planeta. Roberts y sus colegas clavaron la mirada especialmente en Cerberus Fossae, una curiosa formación geológica ubicada unos 10 grados por encima del Ecuador marciano.

 Dado que esta zona es la clave de todo este asunto, bien vale la pena dedicarle unas líneas: sintéticamente, se trata de un sistema de fisuras casi paralelas, originadas por fallas que abrieron la corteza del planeta. Estas fisuras recorren cientos de kilómetros a lo largo de las llanuras de lava enfriada que forman parte de la enorme región volcánica de Elysium (las propias fallas que originaron Cerberus Fossae estarían asociadas a la presión interna del magma que dio origen a Elysium). Según los expertos –y esto es especialmente importante – esta fractura en la corteza marciana es muy “joven”: Cerberus Fossae tendría “sólo” dos millones de años. Por lo tanto, todo lo que haya ocurrido dentro de esta formación, necesariamente, debe ser muy reciente en términos geológicos. El calor que ocasionó esto, anda por allí cerca todavía, profundo en el interior marciano.

En realidad, no es casual que Roberts y su equipo hayan elegido a Cerberus Fossae como blanco de su investigación: en 2011, un estudio reveló que esa súper fractura marciana estaba emitiendo calor geotermal. Un claro indicio de posible actividad volcánica. Justamente por eso, los científicos europeos se pusieron a examinar las finísimas imágenes de la zona tomada por la MRO y  encontraron que incontables cascotes de 2 a 20 metros de diámetro, precedidos de suaves surcos en la superficie. Rocas que, a todas luces, parecen haber rodado cuesta abajo, desde lo alto de los acantilados de Cerberus Fossae. Y a lo largo de unos 200 kilómetros de largo. Las preguntas clave, entonces, son: ¿cuándo y por qué se desbarrancaron esas rocas?

Los científicos europeos tienen buenas pistas para responder a ambas cuestiones. Por empezar, y como ya se dijo, la zona en sí es geológicamente joven. Pero además, los surcos dejados por las rocas están prácticamente intactos. Apenas han sido erosionados y cubiertos de polvo por la acción de los vientos marcianos. Son huellas indudablemente frescas. Para fortalecer esta idea, y como comparación, tengamos en cuenta que las propias huellas dejadas por las ruedas de los rovers Spirit y Opportunity (NASA) ya están un tanto borroneadas. Y tiene tan sólo unos años. La segunda cuestión es la que nos lleva directamente al meollo del asunto. Y aquí también hay datos por demás jugosos: el análisis de las imágenes del MRO muestra que la distribución de rocas desbarrancadas no es pareja a lo largo de esos 200 kilómetros. Por el contrario: parecen concentrarse en una zona muy definida de Cerberus Fossae. Y desde allí, su cantidad va menguando progresivamente, en un radio de 100 kilómetros a la redonda.

Ante este panorama, Roberts y su equipo descartan de plano un escenario en principio razonable, pero nada espectacular: avalanchas provocadas por el derretimiento de hielos, y en su lugar, se juegan por una hipótesis mucho más osada, pero que encaja con las evidencias: los “Martemotos”. Evidencias no sólo marcianas, sino terrestres, porque Roberts también estudió la distribución de rocas caídas durante un terremoto de 2009 en la zona montañosa de L’Aquila, en el centro de Italia. “Todo lo observado es consistente con la hipótesis de que las rocas han sido movidas por un temblor en la superficie de Marte”, dice el geólogo británico. Y agrega: “la mayor parte de las rocas desplazadas se concentra en lo que fue el epicentro del martemoto y a partir de allí, decrece con la distancia”. Un último dato curioso: el Martemoto responsable de todo ese desparramo de enormes cascotes tuvo una magnitud superior a 7 grados en la escala de Richter.

El documento publicado por Roberts y su equipo en el Journal of Geophysical Research lleva un título tan largo como explícito: “Posibles evidencias de paleomartemotos a partir de la caída de poblaciones de rocas, en Cerberus Fossae, Marte”. Sin embargo, ellos mismos admiten que los sismos marcianos no sólo serían “paleo”, sino que también podrían ser “neo”:las trazas dejadas por las rocas no han sido borradas por los actuales procesos eólicos de Marte, y esto sugiere que los terremotos marcianos podrían ser un rasgo actual del planeta”.

Los “Martemotos” recientes (o actuales) no sólo serían una impactante novedad para la geología planetaria, sino también para quienes sospechan que el planeta rojo podría albergar nichos biológicos subterráneos. La liberación de calor geotermal y los posibles sismos en Cerberus Fossae serían síntomas claros de vulcanismo activo en las entrañas de Marte, al menos en la región de Elysium. Y si hay vulcanismo, hay calor suficiente como para derretir los depósitos de hielo subterráneo, dando lugar a reservorios de agua líquida y hábitats hospitalarios para la vida. Una cosa lleva a la otra. No hay que olvidarse que, desde hace unos años, sondas espaciales y telescopios terrestres han descubierto interesantes cantidades de metano en la atmósfera marciana, un gas considerado “biomarcador”.

El caso de las rocas rodantes de Cerberus Fossae es por demás sugerente, y los científicos saben que Marte tiene otras fallas jóvenes, que habrá que estudiar en detalle. No hay que apurarse, claro está, pero quizá muy pronto, Marte nos demuestre que nunca debimos darlo por muerto. Quizás, aún tiembla. Y quizás, aún late y respira.

(º) Ingeniero, Presidente de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

Las rocas desparramadas en Cereberus Fossae, probablemente la causa fue un martemoto (Un terremoto marciano):

 
 
 
 
 
 
 

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