Otra tierra acercándose

“Otra Tierra que se nos acerca”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

 

Aún falta para que se lance el telescopio espacial James Webb o para que entre en funcionamiento la próxima generación de grandes telescopios terrestres. Pero los instrumentos actuales siguen detectando exoplanetas, planetas situados en otros sistemas solares. La lista crece cada día, y ahora ronda los 2.950 exoplanetas confirmados y los 2.300 potenciales. Y esto es solo una ínfima parte de la punta del iceberg: la gran mayoría ha sido detectada por el telescopio espacial Kepler en una pequeña franja del cielo, y solo si los exoplanetas se interpusieron entre el telescopio y su estrella. Así que ahí arriba debe de haber millones de mundos por descubrir.

 

Un equipo de investigadores que ha trabajado con HARPS, un programa de búsqueda de exoplanetas del Observatorio Europeo Austral situado en el Observatorio de La Silla, en Chile, ha detectado un exoplaneta bastante interesante. Se trata de Ross 128 b, un mundo con una masa comparable a la de la Tierra y que gira en torno a una estrella enana roja caracterizada por su estabilidad. Esto aumenta las posibilidades de que las tormentas solares de la estrella no barran la superficie de Ross 128 b y de que haya agua líquida en su superficie. Aunque es crucial conocer cuál es la composición de la atmósfera del exoplaneta para saber si sería posible que albergase vida (cosa que no es posible con los instrumentos actuales), los científicos calculan que las temperaturas de este mundo podrían oscilar entre los -60 y los 20 º C.

 

Las enanas rojas son las estrellas más abundantes del Universo, se calcula que componen las dos terceras partes de todas ellas, y se caracterizan por ser relativamente frías y por ser poco brillantes. El problema que existe con ellas, aparte de que resulta más difícil detectarlas porque son más débiles, es que en ocasiones su actividad crean estallidos de rayos X y ultravioleta capaces de arrasar la superficie de cualquier exoplaneta. Esto puede despojarles de su atmósfera y de la posibilidad de acoger agua y vida, al menos en superficie.

 

Muchas enanas rojas son demasiado agresivas como para tener exoplanetas con una superficie apacible (aunque esto no implica que no tengan océanos subterráneos compatibles con la vida). Pero parece que Ross 128 no es una de ellas. Es una estrella tranquila y que quizás, solo quizás, podría ser amigable con la vida.

 

La estrella Ross 128 está a 11 años luz de la Tierra y se está acercando a nosotros. De hecho, los astrónomos calculan que en el plazo de un parpadeo en la escala del tiempo cósmico, solo 79.000 años, Ros 128 b se convertirá en el exoplaneta más cercano a la Tierra, arrebatándole el «título» a Próxima b.

 

Por el momento, los científicos han averiguado que los años de Ross 128 b apenas duran 9,9 días terrestres y que está realmente muy cerca de su estrella, a una distancia 20 veces menor al espacio que hay entre la Tierra y el Sol, y que se conoce, por cierto, como Unidad Astronómica (UA). A pesar de su cercanía, Ross 128 b no está calcinada por su estrella porque esta es más fría que el Sol: de hecho, los astrofísicos calculan que recibe una cantidad de calor solo 1,38 veces superior a la que recibe la Tierra del Sol.

 

En consecuencia, los científicos consideran que Ross 128 b es un planeta templado. Pero lo cierto es que todavía no saben si está dentro de la zona de habitabilidad o zona «Ricitos de Oro». Esa es la región del espacio donde un planeta no está ni muy próximo ni muy cercano a su estrella de forma que en teoría es posible que tenga agua líquida en superficie.

 

Estar dentro de esa zona convierte a un exoplaneta en un candidato a albergar vida, pero no significa mucho más. Por una parte porque, tal como han demostrado misiones como Cassini o Galileo, es posible que en lunas situadas más allá de la zona de habitabilidad haya océanos subterráneos con agua líquida y, por otra parte, porque planetas que están dentro de esta zona de habitabilidad, como Marte o Venus, no albergan agua líquida en superficie porque sus atmósferas no lo permiten.

 

En todo caso, por algo hay que empezar. Así que poco a poco, los astrónomos interesados en la astrobiología están buscando más exoplanetas templados para poder estudiar sus atmósferas más adelante y analizar sus condiciones químicas. Futuros telescopios como el ELT («Extremely Large Telescope») o el «Thirty Meters Telescope» (TMT) podrán analizar las atmósferas y buscar la huella de oxígeno, metano, vapor de agua y dióxido de carbono que se vincula con la posible presencia de vida.

 

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

 

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