Terremotos 2018

“Existe un vínculo en la rotación de la Tierra y la actividad sísmica “

Compilado por Manlio E- Wydler (°)

Grandes cantidades de energía subterránea serían liberadas por las rotaciones de la Tierra, que aunque sean mínimas, podrían cambiar la duración del día en un milisegundo y las consecuencias para la humanidad serán poderosos terremotos.

Lo anterior fue advertido por expertos en materia geológica, destacando que esas mínimas variaciones en la velocidad de rotación de la Tierra podrían desencadenar una intensa actividad sísmica en 2018.

El vínculo existente en la rotación de la Tierra y la actividad sísmica se argumenta en un estudio de Roger Bilham de la Universidad de Colorado en Boulder y Rebecca Bendick de la Universidad de Montana en Missoula, el cual fue presentado durante la reunión anual de la Gological Society of America.

En dicho estudio, los expertos observaron los terremotos de magnitud 7 y mayores que ocurrieron desde 1900.

“La correlación entre la rotación de la Tierra y la actividad sísmica es fuerte y sugiere que va a haber un aumento en el número de terremotos intensos el próximo año”, advierten.

Tras la ardua observación en materia geológica, Bilham y Bendick encontraron cinco períodos en los que hubo un número significativamente mayor de grandes terremotos en comparación con otros tiempos.

“En estos períodos hubo entre 25 y 30 terremotos intensos al año”, explicaron.

Los investigadores buscaron encontrar correlaciones entre esos períodos de actividad sísmica intensa y otros factores, y descubrieron que cuando la rotación de la Tierra disminuía ligeramente, era seguido por períodos de aumento en el número de terremotos intensos.

“La rotación de la Tierra cambia ligeramente –en un milisegundo por día a veces- y eso se puede medir con mucha precisión mediante relojes atómicos”, explicó el experto.

La alerta indica que el próximo año se vería un aumento significativo en el número de terremotos severos.

Durante el 2017 se han tenido alrededor de seis terremotos severos, de los cuales dos han ocurrido en México.

(°( Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001

Terremoto en Puebla (México) 2017

Sin Big-Bang

“Un ciclo de recesión anterior del Universo convive con nosotros”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

 

 

La explicación más aceptada para el origen del Universo es que la red espacio-temporal en la que nacieron las semillas de las galaxias y después las estrellas nació en una singularidad completamente enigmática: el Big Bang. A partir de un punto de densidad infinita que contenía toda la energía y la materia, donde las leyes físicas que conocemos carecen de sentido, el Universo desplegó en una ínfima fracción de segundo el comienzo de sus maravillosas alas, hace unos 13.800 millones de años. Naturalmente, los científicos no están seguros de cómo pudo ocurrir algo así.

Juliano Cesar Silva Neva, investigador en la Universidad de Campinas (Brasil) ha propuesto otra explicación alternativa. En un artículo publicado recientemente en la revista «General Relativity and Gravitation» ha sugerido la posibilidad de eliminar el Big Bang de la historia del Universo. En su lugar, ha propuesto que antes de la actual fase de expansión, el Cosmos atravesó una fase de contracción. (Silva Neva no ha sido el primero ni será el último en proponer algo así).

«Creo que el Big Bang nunca ocurrió», ha dicho el físico en un comunicado. Además ha sugerido que quizás sea posible encontrar vestigios del Universo cuando estaba en fase de contracción, y demostrar así que la gran explosión nunca ocurrió.

Desde que en 1920 el astrónomo Edwin Hubble descubrió que casi todas las galaxias estaban alejándose unas de otras, cada vez más rápido, la teoría del Big Bang comenzó a adquirir fuerza. A fin de cuentas, si las galaxias se alejan unas de otras, ¿no será porque hubo una enorme explosión?

A partir de los años cuarenta, la Relatividad de Einstein le permitió a los científicos elaborar distintas historias del Universo y vaticinar varios posibles destinos: que el Universo se expanda hasta el infinito, cada vez más rápido, que la expansión se estanque o bien que la expansión de paso a una contracción y a un gran choque, el Big Crunch.

 

Silva Neves se ha sumado a los que proponen que el Universo «rebota» en una eterna sucesión de fases de contracción y expansión. Las contracciones finalizan con un gran colapso o Big Crunch y luego las densidades alcanzadas son tan enormes que activan una nueva inversión del proceso, un nuevo Big Bang.

Los motivos que llevan a este científico a inclinarse por el «rebote» se encuentran en su artículo. Ahí introduce un «factor de escala» en las soluciones de la Relatividad General para explicar la tasa de expansión del Universo no solo en función del tiempo sino también de una escala cosmológica, que lleva a que el Big Bang deje de ser una condición necesaria para lo que observamos hoy.

Es más, según estas ideas podría ser que en el Universo actual hubiera huellas de la anterior fase de contracción: «La ausencia de la singularidad (del Big Bang) al comienzo del espacio-tiempo abre la posibilidad de que los vestigios de una anterior fase de contracción hayan resistido a la fase de cambio, de modo que quizás estén con nosotros en la actual fase de expansión».

El ejemplo de los agujeros negros

Estas propuestas se basan en las investigaciones que el físico ha hecho en los agujeros negros, objetos que, según él, no están definidos por la singularidad de su interior, sino por su horizonte de sucesos. Además, las ideas del factor de escala se inspiran en los trabajos de James Bardeen, un científico que modificó las ecuaciones de la Relatividad General para describir los agujeros negros en el 1968.

 

En vez de considerar que la masa de estos agujeros negros es constante, Bardeen sugirió con sus cálculos que la masa cambia en función de su distancia al centro del agujero negro. Así nace el concepto del llamado «agujero negro regular» y se evita el temido (por algunos) concepto de la singularidad, que en los agujeros negros consiste en la existencia de un punto de densidad infinita. Del mismo modo, la investigación de Silva Neva ha tratado de eliminar la singularidad el Big Bang.

 

Cálculos y teorías pueden ser muy interesantes, pero los científicos han de poder probarlos por medio de experimentos y observaciones para que la ciencia avance. El comienzo del Universo no es algo precisamente fácil de alcanzar para los científicos, pero Silva Neves cree que hay una forma de verificar sus ideas: encontrar trazas de la fase de contracción del Universo en la actual expansión. Estas huellas serían, según este físico, agujeros negros sobrevivientes.

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Dos agujeros negros en rotación. Algunas modificaciones a las ecuaciones de Einstein eliminan las singularidades de su interior. Cálculos similares han llevado a los investigadores a eliminar la singularidad del Big Bang

Reacciones nucleares naturales

“Los rayos producen reacciones nucleares”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

Un equipo de la Universidad de Kioto (Japón) ha descubierto que las tormentas eléctricas pueden desencadenar reacciones nucleares, según explican en un artículo publicado en la revista Nature, del que se informa en un comunicado.

Este  trabajo ha permitido contar con la primera evidencia consistente de que estos fenómenos naturales generan isótopos radiactivos, después de que diversos estudios sugiriesen en el pasado que las tormentas podían generar neutrones.

Según explica uno de los investigadores, Teruaki Enoto, “instalamos cuatro detectores en un sitio en la costa este de Japón en 2006. En esta región, las tormentas son frecuentes y sus nubes son bastante bajas, lo que aumenta nuestras posibilidades de ver lo que sucede allí”.

El pasado 6 de febrero, dos rayos descargaron a una distancia aproximada de un kilómetro de los cuatro detectores, y este hecho fortuito permitió obtener la primera demostración concluyente de que las tormentas eléctricas generan reacciones nucleares.

Los instrumentos captaron, a la misma vez, la intensa radiación provocada por la tormenta. Registraron un gran pico de rayos gamma inmediatamente después de un rayo. Fue el momento en que el equipo se dio cuenta de que estaban viendo una cara nueva y oculta de un rayo.

En su artículo, los investigadores describen cómo la radiación gamma del rayo reacciona con el aire para producir radioisótopos e incluso positrones. El positrón o antielectrón es una partícula elemental, la antipartícula del electrón. No forma parte de la materia ordinaria, sino de la antimateria.

“Tenemos la idea de que la antimateria es algo que sólo existe en la ciencia ficción. ¿Quién sabía que podría estar pasando por encima de nuestras cabezas en un día tormentoso?” dice Enoto, comentando los sucesos de los positrones.

Cuando analizaron los datos, los científicos encontraron tres explosiones distintas de rayos gamma. La primera tenía menos de un milisegundo de duración; la segunda fue un resplandor de rayos gamma que duró varias docenas de milisegundos; y finalmente hubo una emisión prolongada que duró aproximadamente un minuto.

 

Enoto explica: “Podríamos decir que el primer estallido fue del rayo. A través de nuestros análisis y cálculos, finalmente determinamos también los orígenes de la segunda y tercera emisión”.

El segundo resplandor crepuscular, por ejemplo, fue causado por un rayo que reaccionó con nitrógeno en la atmósfera. Los rayos gamma emitidos en un rayo tienen energía suficiente para expulsar a un neutrón del nitrógeno atmosférico, y fue la reabsorción de este neutrón por parte de las partículas de la atmósfera, lo que produjo el resplandor del rayo gamma.

La emisión final y prolongada fue a partir de la descomposición de átomos de nitrógeno inestables y pobres en neutrones. Estos positrones liberados, que posteriormente colisionaron con electrones en eventos de aniquilación,  liberaron rayos gamma.

El rayo gamma representa la forma más energética del espectro de luz. Se asocia con reacciones nucleares en estrellas, pero también con reactores de uranio y aceleradores de partículas.

Según Teruaki Enoto, los rayos gamma son absorbidos por átomos de la atmósfera, desestabilizándolos y desencadenando reacciones nucleares. Estas reacciones generan a su vez neutrones e isótopos radiactivos inestables, que a su vez causan la producción de positrones (antimateria).

Hace veinticinco años, un telescopio espacial estadounidense puesto en órbita para observar los rayos gamma cósmicos, comenzó a ver, por casualidad, breves destellos de origen terrestre, los Terrestrial gamma-ray flash.

En la actualidad se sabe que los rayos y las nubes tormentosas funcionan como una especie de aceleradores de partículas. El campo eléctrico generado por los rayos es capaz de acelerar electrones de la atmósfera a muy altas energías. Al desacelerarse, estos electrones emiten esta energía en forma de rayos gamma.

Esta investigación demuestra que las tormentas eléctricas constituyen la segunda fuente natural de isótopos radiactivos en la Tierra, tras la interacción de rayos cósmicos en la atmósfera.

(°) Ingeniero, Presidente honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001

Zona muy fría en la atmósfera de Titán,

“Puntos muy fríos de la atmósfera de Titán”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

 

Una investigación dirigida por científicos de la Universidad de Bristol acaba de publicar un artículo en la revista Nature Communications en el que por fin han propuesto una explicación para una anomalía recientemente descubierta en Titán, la luna de Saturno: la de un inesperado e importante enfriamiento de su atmósfera, justo por encima de los polos. Según han explicado, este efecto se debe a la composición tan peculiar de los gases, que le hace comportarse de un modo único entre todos los planetas del Sistema Solar.

 

La anomalía se encuentra en el hecho de que los vórtices que se forman sobre los polos de la luna están extremadamente fríos. Normalmente, estos remolinos están más calientes, porque en su interior se forma corrientes de aire descendentes que se comprimen y que se calientan (al igual que ocurre cuando se infla la rueda de una bicicleta con una bomba).

Sin embargo, la nave Cassini, que se sumergió en Saturno para siempre hace unos meses, pudo observar los polos durante la mitad de un año de la luna (que dura 29,5 años terrestres), y comprobó que el panorama no encajaba con lo previsto. Los sensores detectaron la formación de un punto caliente en los polos en 2009, pero este fue seguido de otro frío en 2012, con temperaturas de -153 grados centígrados, y otros más calientes ya en 2016.

 

Estos fenómenos no son compatibles con lo que se sabe sobre otros planetas terrestres del Sistema Solar (es decir, Tierra, Marte y Venus), así que los investigadores buscaron alguna posible explicación. A la vista de los datos, han podido concluir que el motivo de la formación de estos vórtices fríos está en la composición química de la atmósfera.

«Para la Tierra, Venus y Marte el principal mecanismo de enfriamiento atmosférico es la radiación infrarroja emitida por el dióxido de carbono», ha explicado en un comunicado Nick Teanby, director del estudio. «Sin embargo, en Titán hay reacciones fotoquímicas exóticas que producen hidrocarburos como el etano o el acetileno, y derivados del nitrógeno, como el cianuro de hidrógeno o el cianoacetileno, que producen el grueso del efecto de enfriamiento».

Estos gases se producen en las alturas de la atmósfera pero son arrastrados por las corrientes de aire, con la consecuencia de que se acumulan masivamente en determinados momentos, produciendo el efecto de enfriamiento.

Los investigadores recogieron los datos captados por Cassini sobre la temperatura y la composición de la atmósfera de Titán y los usaron en un modelo numérico para simular el balance de calor y de enfriamiento de la luna. Así, lograron explicar el anómalo enfriamiento de Titán.

 

«Este efecto es hasta ahora único en el sistema Solar y solo es posible por la exótica química de la atmósfera de Titán», ha explicado Teanby.

 

¿Por qué es interesante esta investigación? No solo permite refinar la ciencia del estudio de los planetas y de las atmósferas, sino que permite explicar cómo funciona un importante mundo del Sistema Solar que, a pesar de ser una luna, es más grande que el planeta Mercurio y que tiene interés incluso para la búsqueda de vida. De hecho, el extraño aspecto de Titán, cubierto por mares y ríos de «gas natural» líquido, con precipitaciones y una corteza de hielo, ha llevado a los científicos a proponer que la vida es posible allí, pero que esta sería realmente extravagante.

 

Además, lo aprendido en esta investigación podría servir para explicar en el futuro el comportamiento de planetas lejanos. Tal como ha añadido Nick Teanby: «Un efecto similar podría estar ocurriendo en muchos exoplanetas con atmósferas, y esto tendría impacto en la formación de nubes y en la dinámica de sus atmósferas»

 

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Titán es la única luna del Sistema Solar con una atmósfera densa. Está compuesta sobre todo por ntirógeno, como la terrestre

Accidente marítimo.

“En Argentina existe una isla móvil que sería base de extraterrestres”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

Especialistas en el tema la bautizaron ‘El Ojo’ y dicen estar seguros de que se trata de la puerta de entrada a una base subterránea de visitantes de otro planeta.

Espeialistas aseguran que la isla recientemente descubierta a través de Google Earth y apodada “El Ojo” podría ocultar algo más. Circular y rodeada de agua, similar a un “ojo”, podría ser en realidad la entrada a una base oculta extraterrestre.

 

Vale recordar que el descubrimiento fue realizado por un equipo de cine dirigido por el cineasta Sergio Neuspiller  cinco años atrás, mientras buscaban una localización para filmar una película sobre sucesos paranormales en el delta del río Paraná.

 

La isla se encuentra entre la ciudad de Campana y Zárate, en la provincia de Buenos Aires. Las coordenadas en Google Earth son las siguientes: 34°15’07.8’S 58°49’47.4″W.

La noticia ha llamado la atención de los mejores ufólogos (persona que se encarga de estudiar el fenómeno OVNI) del mundo, como Scott C. Waring, quien señaló que la misteriosa isla podría estar relacionada con la gran cantidad de avistamientos ovnis en Argentina.

“Han descubierto una isla flotante no muy lejos de Buenos Aires, Argentina, y en el mapa de Google Earth parece que gira en círculo”, escribió Waring en su blog UFO Sightings Daily. “Argentina tiene una abundancia excesiva de avistamientos ovnis en comparación con el resto del mundo y así es como los extraterrestres tratan de ocultar esta entrada en particular a su base. La forma es grande y circular, lo suficientemente grande como para que pueda entrar un OVNI de 100 metros. El agua por debajo de esta isla flotante necesita ser explorada”.

Waring dejo claro que la misteriosa isla de Argentina es en realidad una entrada a una base secreta para ovnis bajo tierra o bajo el agua, lo suficientemente grande para que puedan entrar y salir naves de origen extraterrestre de tamaño similar. Incluso si el “Ojo” resulta ser nada más que un trozo de tierra rodeada por un terreno pantanoso, sólo su sola existencia, debido a la redondez perfecta, es digna de investigación.

Ya no se encuentra esta isla….se movió hacia el mar.

La costa marítima de Argentina es visitada, varios días a la semana, en estos últimos años por OVNIS particulares, que se introducen en el mar, o se los ve emerger con ímpetu del mismo.

Las bases extraterrestres están distribuidas desde el Río de la Plata hasta la Antártica, son una docena. La velocidad, sumergidos, de estos aparatos-medidos por capitanes rusos- alcanzan 1.500 kilómetros. Algo impensado en la resistencia acuática.

El submarino ARA San Juan, argentino, modelo alemán moderno, con 44 ocupantes y buscado desde hace días por las armadas del mundo avanzado, fue rozado por uno de estos ovnis y lanzado a profundidades abisales, más allá del límite de la plataforma continental del Mar Argentino. (15/11/2017)-

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Resultado de imagen para Foto de la isla móvil en el Delta del Paraná

Nuevas especies.

“Aparición de nuevas especies”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

En biología, los mecanismos de aislamiento reproductivo o barreras a la hibridación son el conjunto de características, comportamientos y procesos fisiológicos que impiden que los miembros de dos especies diferentes puedan cruzarse o aparearse entre sí, producir descendencia o que la misma sea viable o fértil. Estas barreras constituyen una fase indispensable en la formación de nuevas especies (especiación) ya que mantienen las características propias de las mismas a través del tiempo debido a que disminuyen, o directamente impiden, el flujo genético entre los individuos de diferentes especies.

Han sido propuestas varias clasificaciones de los mecanismos de aislamiento reproductivo. El zoólogo Ernst Mayr los ha clasificado en dos categorías amplias: mecanismos precopulatorios y poscopulatorios. Los primeros actúan antes de que se pueda producir la fecundación (es decir, antes del apareamiento en el caso de los animales o de la polinización en el caso de las plantas)

Tales mecanismos precopulatorios, también denominados «barreras externas a la hibridación», son las separaciones físicas en el tiempo, en el espacio, ambientes, nichos ecológicos específicos y diferencias en el comportamiento que impiden el apareamiento o la polinización.

Los mecanismos poscopulatorios, o «barreras internas a la hibridación», en cambio, operan a través de la falta de armonía entre los sistemas fisiológicos, reproductivos o citológicos de los individuos pertenecientes a diferentes especies.​ Los diferentes mecanismos de aislamiento reproductivo están controlados genéticamente y se ha demostrado experimentalmente que pueden evolucionar tanto en especies cuya distribución geográfica se superpone (especies simpátricas), o bien, como resultado de la divergencia adaptativa que acompaña a la evolución alopátrica de las mismas.

Muchas veces bastan dos generaciones para que aparezca una nueva especie como es el caso de los pinzones en las islas galápagos. Sus picos se adaptaron a la abundancia de las diferentes comidas: Granos, insectos, etc.

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Ruinas y Fósiles

Deshielos en Marte hasta hace poco.

“Descubren evidencias de agua de deshielo en pasado reciente de Marte”

 

Compilado por Manlio E: Wydler (°)

 

Un equipo internacional de investigadores encontró evidencia de agua de deshielo glacial en la historia reciente de Marte, divulgó hoy The Open University, en Reino Unido.

 

El hallazgo se confirmó a pesar de la opinión generalizada de que el clima reciente en el planeta rojo era demasiado frío para que el hielo se derritiera.

Científicos planetarios de The Open University, en colaboración con el University College Dublin, de Irlanda; y las universidades de Cambridge (Reino Unido) y Nantes (Francia), descubrieron una cresta de sedimentos depositados por el agua de deshielo que fluye debajo de un glaciar en un pasado reciente, hace aproximadamente 110 millones de años.

Frances Butcher, autor principal del estudio, explicó que -de forma similar a la Tierra- los polos de Marte están cubiertos por grandes y sólidas capas congeladas, mientras que el ecuador no tiene ningún hielo superficial.

Las regiones entre el ecuador y los polos tienen miles de glaciares, estos son el centro de atención de nuestra investigación y creemos que están cubiertos por un manto de escombros, quizás de tan solo unos metros de espesor, añadió.

El científico apuntó que, si bien no hay evidencia de que el agua líquida aún exista debajo de esos glaciares en la actualidad, la investigación proporciona información importante sobre las condiciones ambientales que podrían haber causado que el hielo se derrita en la reciente historia geológica de Marte.

(°) Ingeniero, presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001

Esker emergiendo de un glaciar

Lo que no existe.

“Lo que no existe”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

Después de varias décadas de experimentos infructuosos y búsquedas sin cuartel, cada vez son más los investigadores que ponen en duda la existencia de lo que hemos dado en llamar materia y energía “oscuras”.

 

Desde hace casi un siglo, los científicos están convencidos de que el Universo contiene mucha más materia de la que podemos observar directamente. Es decir, que “ahí arriba” debe haber un tipo de “materia oscura” que no emite radiación alguna y que, por lo tanto, resulta invisible incluso para nuestros más avanzados instrumentos. Solo sabemos que está ahí por los efectos gravitatorios que ejerce sobre la materia que sí podemos observar. El concepto, de hecho, ha servido para justificar el movimiento a menudo inexplicable de muchas estrellas y galaxias, que actúan y se mueven como si estuvieran sido atraídas por “algo” que, sin embargo, no conseguimos ver.

Por otra parte, también se ha postulado la existencia de algo aún más misterioso, una “energía oscura” más poderosa que la gravedad y que sería responsable de la expansión acelerada a la que se ve sometida el Universo en que vivimos.

Sin embargo, según un nuevo modelo recién propuesto por investigadores de la Universidad de Ginebra (UNIGE), ambas cosas, la materia y la energía oscuras, podrían dejar muy pronto de tener validez. De hecho, los fenómenos que aparentemente ambas describen podrían explicarse sin necesidad de recurrir a su existencia.

El trabajo, recién publicado en The Astrophysical Journal, explota un nuevo modelo teórico basado en la llamada “escala de invariancia del espacio vacío” (su capacidad de no cambiar incluso si varían la escala de longitud o la energía), y todo parece indicar que esa propiedad es perfectamente capaz de dar respuesta a los dos mayores misterios astronómicos de nuestro tiempo.

 

La Cosmología de M. E. Wydler explica todo con la interacción de los Universos espejos, ora expansivos, ora retrayentes.

 

Además muchos olvidan que lo que conocemos del Universo es solo lo que podemos ver, hay partes del mismo que no vemos, porque la luz de esas partes no nos puede alcanzar. No sabemos por lo tanto cuanta  materia y energía existe en nuestro Universo.

 

En 1933, el astrónomo suizo Fritz Zwicky hizo un descubrimiento que dejó al mundo entero sin habla: según él, en efecto, el Universo contenía mucha más materia de la que podemos ver. Los astrónomos bautizaron a ese nuevo tipo de materia como “materia oscura” y el concepto empezó a cobrar importancia durante la pasada década de los 70, cuando el astrónomo norteamericano Vera Rubin recurrió a esa enigmática forma de materia para explicar la velocidad y los movimientos aparentemente inexplicables de muchas estrellas.

 

Desde entonces, investigadores de todo el mundo han dedicado una enorme cantidad de esfuerzo y recursos para identificar esa materia oscura, tanto directamente en el espacio como en experimentos de física de partículas en los mayores aceleradores disponibles. Aunque siempre sin resultado alguno.

En 1998 estalló una segunda “bomba científica”: un equipo de investigadores australianos y estadounidenses descubrió, en efecto, que la expansión del Universo, conocida desde los tiempos de de Edwin Hubble, no era uniforme, sino acelerada. Es decir que, de forma inexplicable, el Universo crecía cada vez más deprisa. Alguna clase de energía desconocida tenía que ser, por fuerza, la impulsora de esa aceleración sin freno. El hallazgo mereció un premio Nobel en 2011.

 

Sin embargo, y a pesar de los enormes recursos  utilizados desde entonces, ninguna teoría o prueba observacional ha sido aún capaz de caracterizar esta “energía oscura“, a todas luces más poderosa que la energía gravitatoria de Newton. En resumen, tanto la materia oscura como la energía oscura son dos misterios que traen de cabeza a los investigadores desde hace décadas, 80 años y 20 años, respectivamente.

En la actualidad, existen tres formas de describir el Universo: la teoría de la relatividad general de Einstein, la ley de Gravitación Universal de Newton y la Mecánica Cuántica. Y el modelo de Universo que ha obtenido más consenso hasta ahora es que, al principio de los tiempos, hubo un Big Bang, seguido de un proceso de expansión que hoy en día, 13.700 millones de años después, se sigue produciendo.

Sin embargo, en palabras de André Maeder, del departamento de Astronomía de la Universidad de Ginebra y autor principal de la nueva investigación, “en ese modelo de Universo hay una hipótesis de partida que, en mi opinión, no se ha tenido en cuenta. Me estoy refiriendo a la invariancia de escala en el espacio vacío. En otras palabras, significa que tanto el espacio vacío como sus propiedades no cambian después de una dilatación o de una contracción”.

El espacio vacío, de hecho, ocupa un lugar destacado en las ecuaciones de Einstein, en las que se representa como una cantidad determinada, la “constante cosmológica” de la que depende por completo el modelo de Universo que nos es más familiar. Basándose en su nueva hipótesis, Maeder ha reexaminado ahora ese modelo de Universo, pero añadiendo la invariancia de escala del espacio vacío, que también está presente en la teoría fundamental del electromagnetismo.

¿Significa eso que por fin tenemos una solución para describir la expansión del Universo y el movimiento aparentemente inexplicable de las estrellas y las galaxias? Puede que estemos más cerca de ella de lo que pensamos.

De hecho, cuando Maeder puso a prueba su modelo en una serie de test cosmológicos, halló que sus resultados coincidían con las observaciones. Y también determinó que su modelo era capaz de predecir la expansión acelerada del Universo sin tener que recurrir en modo alguno a la energía oscura. En resumen, llegó a la conclusión de que es muy posible que, después de todo, la energía oscura no existe, ya que la expansión acelerada está contenida en las ecuaciones de la física.

En un segundo momento, Maeder se centró en las leyes de Newton, un caso específico de las ecuaciones de la relatividad general. Y resultó que esas leyes también sufrían sutiles modificaciones cuando se les aplicaban las hipótesis de Maeder. En concreto, mostraban una pequeña aceleración “hacia fuera”, que se volvía particularmente significativa en densidades bajas.

En otras palabras, al aplicar esa ley modificada de Newton a los movimientos de cúmulos de galaxias, resultó que esos movimientos, (al contrario de lo que propuso Zwicky en 1933), podían explicarse a la perfección teniendo en cuenta solo la materia visible. Lo cual implica que no se necesita una “materia oscura” para explicar las altas velocidades que alcanzan algunas estrellas en las zonas externas de sus galaxias.

 

Por último, en una tercera prueba, Maeder se centró en la dispersión de las velocidades de estrellas que oscilan alrededor del plano de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. Y el resultado fue que dicha dispersión, que parece incrementarse con la edad de esas estrellas y para cuyo origen no existe hoy un consenso, también se explicaba a la perfección utilizando la hipótesis de la invariancia del espacio vacío.

El trabajo de Maeder, pues, abre el camino hacia una concepción totalmente nueva de la astronomía y que parece, además, ser capaz de resolver las principales controversias científicas de la actualidad. “El anuncio de este modelo -explica el propio Maeder- que por lo menos resuelve dos de los mayores misterios de la astronomía, es fiel al espíritu de la ciencia: nada puede darse por sentado, ni en términos de experiencia, ni de observación, ni del simple razonamiento de los seres humanos”.

 

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

 

El supuesto entramado de  materia y energías oscuras no existe….:

Cada vez más investigadores ponen en duda la existencia de la energía y la materia oscuras

Civilización egipcia en dos planetas

 

Imagen relacionada

Creación extraterrestre de Egipto en la Tierra y en Marte”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

En total fueron 17.520 años de poder y control de los dioses y semidioses, que finalizaron en un oscuro periodo de caos y anarquía, del que no existe la más mínima referencia, y que duró 350 años. Es en este momento cuando aparece la Primera Dinastía de gobernantes humanos, en la figura del faraón Narmer, primer gobernante reconocido oficialmente por la egiptología, pues el resto de lo anteriormente expuesto pertenece al mundo de la mitología y la fantasía.

Es imposible, aseguran tajantemente los expertos, que, antes de la aparición de la I Dinastía o Periodo Tinita (3.100 a.C.-2.700 a.C.), pudieran existir durante un tiempo tan prolongado semejante número de gobernantes, eso sin mencionar su origen divino y extremada longevidad.

Pero los egipcios estaban muy seguros de sus orígenes y de su historia. El tiempo era algo que controlaban muy bien los antiguos egipcios, precisamente gracias a sus dioses, quienes, según ellos, les enseñaron a dividir el año (renpet) en doce meses (abed), de treinta días cada uno y divididos en tres semanas (mellu) de diez días cada una. Este calendario alcanzaba 360 días, y era complementado con cinco días especiales (jeriu-renpet).

El año estaba formado por tres estaciones que venían claramente determinadas por el Río Nilo. La Primera Estación era la de la crecida del río (ajet), de mediados de junio a mediados de octubre. La seguía la Estación de la Germinación (peret) que finalizaba a mediados de febrero. Por último la Estación de la Cosecha (shemu).

Existían otros tipos de calendario, pero todos seguían una minuciosa y escrupulosa exactitud, transmitida generación tras generación. Con total seguridad, si un antiguo egipcio escuchara hoy en día que la cronología de los Dioses-Reyes que gobernaron Egipto mucho antes de Narmer, no es más que una fantasía, se llevaría un gran disgusto y un no menor enfado.

Hace 2.500 años, Heródoto escribía en su “Libro II de la Historia” que, en su visita a Egipto, los sacerdotes de Tebas le habían mostrado personalmente 341 estatuas, cada una de las cuales correspondía a una generación de sumos sacerdotes desde 11.340 años atrás en el tiempo. Le dijeron que las figuras representaban a hombres, pero que antes de esos hombres en Egipto reinaron los dioses, que habían convivido con los seres humanos. De todo ello guardaban datos muy precisos, ya que siempre, desde el principio de los tiempos, ésa había sido su misión.

Un grupo de dioses viaja a bordo de una embarcación

Otro historiador griego, Diodoro, que visitó Egipto en el Siglo I d.C., también habló y aprendió de los sacerdotes egipcios sobre su historia y tradición. Al igual que Heródoto pudo escuchar de boca de los sacerdotes que los humanos reinaban en el Valle del Nilo desde hacía poco menos de 5.000 años. Uno de los primeros cronistas de la Iglesia Cristiana, Eusebio, logró recoger numerosas crónicas que hacían el mismo tipo de referencias que Heródoto y Diodoro. Pero tal vez ninguno como Manetón, sumo sacerdote y escribano egipcio, supiese acaparar en sus textos la increíble historia de Egipto.

Manetón fue contemporáneo del General de Alejandro Magno Ptolomeo, fundador de la Dinastía Ptolomeica (304-282 a.C.). Vivió en la Ciudad de Sebennitos y fue Gran Sacerdote en el Templo de Heliópolis, donde escribió los Tres Volúmenes de su Historia de Egipto, cuyos originales han desaparecido, y que conocemos en gran medida gracias al historiador griego Julio Africano, que recopiló numerosos fragmentos de su obra.

Manetón o Manetho (verdad de Thot), relataba en esta obra que los dioses reinaron sobre Egipto durante 13.900 años, y los semidioses que les continuaron otros 11.000 años más. Gracias a su clase sacerdotal, pudo acceder a numerosa información restringida que había sido recogida durante cientos y cientos de años. Según sus fuentes el primer Rey de Egipto fue Hefestos, quien inventó el fuego, le siguieron Cronos, Osiris, Tifón y Horus. Después, los “Shemsu-Hor” o seguidores de Horus, de origen semidivino, gobernaron durante 1.255 años. Les continuaron otros reyes por un periodo de 1.817 años.

Distintos investigadores aseguran ver en estos dibujos (tumba de Ramsés VI, Valle de los Reyes)

seres con escafandras provenientes de las estrellas, tal y como aseguraban las antiguas tradiciones egipcias.

 

Otro periodo más de 1.790 años formado por treinta reyes que gobernaron en Menfis y 350 años más de otros diez soberanos que reinaron en Tanis. En total, sólo el reinado de los semidioses hasta la aparición de los reyes de la Epoca Dinástica Temprana, alcanzó 5.813 años, una auténtica patada a la historia y a la cronología establecida por la moderna egiptología.

Este mismo problema ha aparecido con las Listas de Reyes Sumerios, aparecidas en distintos textos como el W-B/144 ó W-B/62, donde se establecen fantásticos gobiernos de los dioses que se remontan a docenas de miles de años antes de lo establecido por la arqueología oficial.

Aunque tal vez el caso más conocido por todos nosotros sea el de los Patriarcas Bíblicos, auténticas “máquinas de hacer años”, como los míticos Adán, Set, Enós, Cainán, Mahaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noe, Sem, Arfaxad, etc, etc. La edad alcanzada por cualquiera de ellos, haría estremecer los presupuestos destinados a jubilaciones de la Seguridad Social.

A pesar del innegable esfuerzo de la arqueología por establecer una cronología “lógica” de los antiguos reinos e imperios, el prejuicio a la hora de establecer la existencia física de los dioses que todas las culturas establecen como los fundadores de la civilización en la Tierra, hacen imposible profundizar en una verdadera historia que continúa oculta a todos nosotros.

La cada vez más reconocida antigüedad de algunos de los monumentos que nos han llegado, como es el caso de la Esfinge de Giza , han hecho posible que algunos investigadores hayan reconsiderado el revisar las cronologías dogmáticas a lo largo de los dos últimos siglos. Por desgracia los máximos responsables continúan aferrados a una serie de intereses y al mantenimiento de un estatus que tratan de defender a toda costa.

En esta antiquísima tabla mesopotámica existente en el Museo Británico, y en caracteres cuneiformes, aparece según el investigador Zecharia Sitchin el mapa de la ruta seguida por los dioses para llegar a nuestro planeta a través del Sistema Solar.

El afamado arqueólogo francés Gaston Maspero (1846-1916), uno de los personajes más influyentes en el campo de la egiptología, disciplina de la que fue pionero, se preguntaba en la Revue de l’Histoire des Religions por el que, sin duda, constituye el enigma central de esta civilización: ¿De dónde salieron los antiguos egipcios? ¿Cuál fue el verdadero origen de su religión y de sus textos? Maspero, que combinaba a la perfección el perfil de erudito con el de arqueólogo a pie de excavación, concluyó que el pueblo que elaboró aquel sofisticado corpus de creencias «ya estaba establecido en Egipto mucho antes de la Primera Dinastía y, si queremos entender su religión y sus textos, debemos ponernos en las mentes de quienes las instituyeron hace más de siete mil años».

Como advertimos por las palabras de este arqueólogo francés, la idea de que el Antiguo Egipto fue fundado por una civilización remotísima no es ni mucho menos nueva. Sin embargo, Maspero y sus ideas sobre la fundación de la civilización egipcia no son del agrado de la egiptología «oficial».

SHEMSU HOR: Los arquitectos de la Gran Esfinge que vinieron de las estrellas

Mencionados en el Papiro de Turín y en otros textos a priori históricos, los Compañeros de Horus o Shemsu Hor constituyen uno de los enigmas más inquietantes de la prehistoria egipcia. Las alusiones a estos misteriosos personajes son vagas e imprecisas, pero su intervención en tiempos muy anteriores a la primera dinastía pudo concretarse en el diseño estelar de la Gran Esfinge y de otros importantes monumentos. Pero, ¿quiénes eran los Shemsu Hor? Para los egiptólogos, se trata de entidades legendarias y, por ende, sin base real. Otros investigadores, en cambio, creen que desarrollaron un papel muy relevante como intermediarios entre dioses y hombres.

El afamado arqueólogo francés Gaston Maspero (1846-1916), uno de los personajes más influyentes en el campo de la egiptología, disciplina de la que fue pionero, se preguntaba en la Revue de l’Histoire des Religions por el que, sin duda, constituye el enigma central de esta civilización: ¿De dónde salieron los antiguos egipcios? ¿Cuál fue el verdadero origen de su religión y de sus textos? Maspero, que combinaba a la perfección el perfil de erudito con el de arqueólogo a pie de excavación, concluyó que el pueblo que elaboró aquel sofisticado corpus de creencias «ya estaba establecido en Egipto mucho antes de la Primera Dinastía y, si queremos entender su religión y sus textos, debemos ponernos en las mentes de quienes las instituyeron hace más de siete mil años».

Como advertimos por las palabras de este arqueólogo francés, la idea de que el Antiguo Egipto fue fundado por una civilización remotísima no es ni mucho menos nueva. Sin embargo, Maspero y sus ideas sobre la fundación de la civilización egipcia no son del agrado de la egiptología «oficial».

Antes que los faraones

Padre de la denominación «Pueblos del Mar» y principal impulsor de los trabajos de Sir Flinders Petrie, Gaston Maspero había visitado Egipto en 1880, formando parte de la Misión Francesa y, como no podía ser de otro modo, quedó extasiado al ver de cerca las pirámides de Guiza, pero, sobre todo, al contemplar la Gran Esfinge, un monumento que le desconcertó. ¿Qué hace aquí, junto a las pirámides, este extraño coloso?, debió preguntarse Maspero, al observar la Esfinge en el contexto de la explanada de Guiza.

En adelante, el arqueólogo francés se dedicaría en cuerpo y alma a estudiar los numerosos enigmas de la civilización egipcia, aunque siempre mantuvo cierta predilección por la enigmática estatua, sobre la que escribió lo siguiente: «la Gran Esfinge Harmakhis monta guardia en el extremo norte desde los tiempos de los Seguidores de Horus, una estirpe de seres semidivinos y predinásticos que, según las creencias de los antiguos egipcios, habían gobernado esta región miles de años antes que los faraones históricos» (The Dawn of Civilization: Egypt and Chaldea, 1894).

 

Que Gastón Maspero aludiera sin prejuicios al papel desempeñado por los Seguidores de Horus o Shemsu Hor, puede resultar chocante desde la perspectiva de la arqueología actual, encorsetada por el academicismo y las posiciones frecuentemente dogmáticas. No obstante, Maspero no hizo sino reflejar cuáles eran las creencias de los antiguos egipcios en relación con sus ancestros, recordando la relevancia que éstos concedían a los Seguidores o Compañeros de Horus. Pero, ¿quiénes eran estos personajes? ¿Es cierto que «gobernaron» el Egipto predinástico?

La referencia más conocida a los Shemsu Hor la hallamos en el Canon Real de Turín (Italia), un papiro fragmentado donde se dice que, en efecto, habrían gobernado Egipto durante seis mil años, en un periodo intermedio comprendido entre el reinado de los dioses y las primeras dinastías de faraones. No obstante, ¿qué grado de fiabilidad tiene este documento?

Custodiado en el Museo Egipcio de la capital lombarda, el también conocido como Papiro Real de Turín contiene, básicamente, una relación de los gobernantes del Antiguo Egipto desde Menes (o Narmer) hasta la convulsa XVII dinastía. Aunque el principio y el final de la lista se perdieron, de manera que no conocemos ni la introducción a la misma ni los detalles de los gobernantes que siguieron a la citada XVII dinastía, la relación incluye —en la parte posterior del papiro— a los gobernantes de Egipto antes que Narmer, reyes que, insistimos, eran de naturaleza divina, semidivina o no enteramente humana. ¿Cómo debemos interpretar esto último?

Turín: Un papiro auténtico

Al contrario de lo que sucede con otros papiros, cuyo contenido parece referirse a sucesos legendarios, mágicos o especulativos —o eso es lo que interpretaría un observador pragmático—, muy pocos dudan de la historicidad del Canon Real; esto es: refleja nombres y detalles fidedignos, datos que han podido contrastar los prestigiosos egiptólogos y papirólogos que han tenido acceso al mismo, desde Jean François Champollion hasta Richard Parkinson y Bridget Leach, pasando por Giulio Farina y Alan Gardiner, por citar sólo a unos pocos de entre quienes lo han investigado. Así, la opinión generalizada es que el escriba autor del texto, probablemente a las órdenes de Ramsés II, compiló varias listas depositadas en los principales templos de Egipto, limitándose a transcribirlas. La relación de los gobernantes mencionados en el documento es asombrosamente prolija en detalles, a tal punto que los periodos de los reinados están consignados por años, meses e incluso días, lo que da idea de la minuciosidad de sus autores. Se trata, pues, de un informe burocrático cuyo contenido nada tiene que ver con formulaciones esotéricas o recetas mágicas.

Cuando la versión oficial no funciona

No obstante, la arqueología oficial parece menoscabar la relevancia histórica de este manuscrito, tendiendo a pasar por alto su contenido. La razón de tal olvido probablemente tiene que ver con la incómoda «cara b» del Papiro Real de Turín, ésa que otorga rango de gobernantes carnales a personajes poco o nada materiales, como los mitad humanos mitad divinos Shemsu Hor.

Que la arqueología oficial haya soslayado el Papiro de Turín no debe sorprendernos. En general, los egiptólogos han despreciado sistemáticamente los textos que contravenían sus tesis. Cualquier evidencia que contradijera «su versión» de la historia de Egipto, ha acabado siendo desprestigiada. Y no sólo ha ocurrido con papiros o grabados. Cuando un investigador ha puesto en duda esa «versión oficial», inmediatamente se le ha excluido del establishment académico, por mucho que sus propuestas tuvieran el aval de documentos fidedignos o estudios científicos rigurosos.

De ese modo, ocurre que los nombres de Robert Schoch, John Anthony West, Robert Bauval, Graham Hancock y tantos otros, suelen ir acompañados de apostillas como «arqueología alternativa», «pseudociencia», etc. A la arqueología ortodoxa le irritan estos investigadores de mente abierta, que no comulgan con los dogmas que venden Mark Lehner y compañía. El caso de Lehner resulta especialmente sangrante, pues él mismo, siendo un joven seguidor de Edgar Cayce, no parecía hacerle ascos a la idea de que la civilización egipcia estuviese conectada con la mismísima Atlántida… Dicho sea con el mayor de los respetos hacia el trabajo de este, sin duda, eminente egiptólogo.

Si nos lo permiten, existe un gran problema con Lehner y demás arqueólogos que han investigado o investigan el Antiguo Egipto. Y no se trata de una cuestión menor, pues tiene que ver con el concepto fundacional de la egiptología.

A grandes rasgos, la egiptología es una disciplina moderna, que integra otras ciencias de la antigüedad como la arqueología, la papirología, la epigrafía, etc. Sin embargo, hasta hace muy poco, la generalidad de los egiptólogos rechazaban que el diseño y emplazamiento de las pirámides y templos a lo largo del Nilo tuvieran que ver con la posición de los cuerpos celestes en la época en que fueron erigidos. De hecho, todavía encontramos a egiptólogos que refutan esta visión arqueoastronómica de los monumentos egipcios. Que se lo pregunten a Robert Bauval…

Pero este error de enfoque de la egiptología nace, en nuestra opinión, mucho antes. Veamos, ¿cómo puede una disciplina basada en el método científico dilucidar el misterio de una cultura tan profundamente esotérica como la del Antiguo Egipto? ¿Cómo puede un egiptólogo enfrentarse al enigma de que seres mitad humanos mitad divinos construyeron la Gran Esfinge? En cuanto a lo primero, está claro que el esoterismo escapa al análisis materialista científico. Y en lo que respecta a lo segundo, plantear que entidades no humanas gobernaron en la práctica a seres humanos sería un disparate desde la perspectiva científica.

No obstante, sin las ataduras de los dogmas, hagamos un esfuerzo por ubicar en la historia de Egipto a los Compañeros de Horus.

Ya hemos mencionado que el Papiro de Turín sitúa a los Shemsu Hor inmediatamente antes de la primera dinastía faraónica, la comenzada por Menes o Narmer. Pues bien, la egiptología aceptó que la cronología establecida por el papiro es correcta, pero sólo de Narmer en adelante. Lo anterior, en cambio, no era «historia», sino «mitología». Así, el Canon Real es histórico sólo hasta donde les conviene a los egiptólogos. El resto, lo que no pueden confirmar —ni aceptar desde su lógica—, es legendario… Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si todo lo que se cuenta en este papiro fuera cierto?

De las cavernas a la Gran Esfinge

En este caso, tendríamos que, hace alrededor de 12.000 años, Egipto fue gobernado por unas entidades híbridas dotadas de avanzados conocimientos, tantos como para haber diseñado la Gran Esfinge de Guiza y realizado quién sabe cuántas otras proezas arquitectónicas o tecnológicas.

Paradójicamente, la irrupción de los Shemsu Hor se habría producido en los albores de la civilización en el Valle del Nilo, si hacemos caso de la historia aceptada sobre la evolución humana. Así, hace 12.000 años, justo cuando declinaba la última glaciación, la temperatura subió gradualmente en el norte de África —Delta del Nilo incluido—, región que comenzó a recibir importantes precipitaciones que, más tarde, dieron paso a la formación de pastizales con cereales silvestres que atrajeron a gran variedad de animales y éstos, a su vez, a grupos humanos de cazadores-recolectores. Claro está que este complicado proceso no se produjo de la noche a la mañana, sino que duró milenios, estableciéndose el Neolítico egipcio tan «tarde» como hace 6.000 años…

Obviamente, esta última cronología de los hechos no «funciona» con la datación de la Gran Esfinge propuesta por Bauval —alrededor del 10500 a.C.—, ni mucho menos con la que sugieren los geólogos ucranianos Vjacheslav I. Manichev y Alexander G. Parkhomenko, según los cuales el monumento ya estaba en Guiza hace ¡800.000 años! (Leer más AQUÍ).

Por otra parte, si aceptamos las divisiones de la historia de la humanidad para el Antiguo Egipto y situamos a los habitantes de esta región en la Edad de Piedra (IV milenio a.C.), ¿cómo es posible que estos hombres y mujeres recién salidos de las cavernas fueran capaces de construir algo ni remotamente parecido a la Gran Esfinge de Guiza?

Algo nos dice que la cronología sobre la historia de la humanidad está equivocada. Eso o antes que la nuestra existió otra «humanidad», una especie de «civilización madre» altamente evolucionada desde el punto de vista tecnológico y probablemente espiritual.

En el primero de los casos, Heródoto (siglo V a.C.) —a menudo considerado «padre de la Historia»— recogía por boca de los sacerdotes de Tebas una historia de Egipto bien distinta a la que conocemos hoy. Así, el cronista griego se refería a un episodio en el que los sacerdotes tebanos le mostraron 345 estatuas que parecían representar a imponentes dioses. Sin embargo, para sorpresa del historiador, los religiosos apuntaron que no se trataba de dioses, sino que cada coloso simbolizaba cada una de las generaciones de grandes sacerdotes que les precedieron, hasta completar 11.340 años de gobiernos de los hombres. Y subrayaban esto último, «gobiernos de los hombres», para a continuación remarcarle que «antes de estos hombres, los dioses eran quienes reinaban en Egipto, morando y conversando entre los mortales, y teniendo siempre cada uno de ellos un imperio soberano» (Los Nueve Libros de la Historia, Libro II, Cap. CXLIV). Por lo anterior, se infiere que los sacerdotes de Tebas distinguían claramente dos rangos de reyes de Egipto: los humanos, que habían gobernado el país desde hacía 11.340 años y los dioses, que no sólo gobernaron físicamente Egipto durante un periodo igual o mayor, sino que lo hicieron mezclándose con aparente naturalidad entre los habitantes del País del Nilo.

Por su parte, Manetón (siglo III a.C.), sacerdote e historiador egipcio que vivió durante los reinados de Ptolomeo I y Ptolomeo II, también se refería a estos dioses y semidioses gobernantes en su obra Aegyptíaka, una especie de cronología que confeccionó a partir de las Listas Reales que le facilitaron los sacerdotes de otros templos.

Diseño estelar

En la misma, Manetón establecía cuatro dinastías anteriores a Menes (dos de dioses, una de semidioses y una cuarta de transición), adjudicando el origen de la civilización egipcia al gobierno de 7 grandes divinidades —Ptah, Ra, Shu, Geb, Osiris, Seth y Horus—, que permanecieron en el poder durante 12.300 años. A continuación, gobernó una segunda dinastía encabezada por el primer Toth e integrada por 12 «faraones» divinos (1.570 años de gobierno), tras los cuales ascendieron al poder 30 semidioses —generalmente identificados con los Shemsu Hor y simbolizados por halcones—, que gobernaron el país durante 6.000 años. Tras éstos, siempre según Manetón, se produjo un periodo de caos, hasta que, finalmente, Menes encauzó la situación y logró la unificación de Egipto.

Obviamente, la egiptología ortodoxa incluye estas cronologías en la categoría de los mitos, no en la de los sucesos históricos comprobables. Al fin y al cabo, las fuentes que nos ofrecen información sobre los Shemsu Hor son ciertamente escasas. Claro que también podemos extraer información sobre los Compañeros de Horus —y sobre los dioses que gobernaron Egipto— de las obras que nos legaron estos misteriosos personajes, construcciones que, en todos los casos, se erigieron siguiendo un «plan estelar», como ha quedado atestiguado por los estudios arqueoastronómicos de estos monumentos.

De confirmarse la datación extrema de la Gran Esfinge o, cuanto menos, la propuesta por Bauval, los arquitectos de estas imponentes maravillas sin duda tendrían más de «celestes» que de humanos.

Fuente: http://mysteryplanet.com.ar/site/shemsu-hor-los-arquitectos-celestes-de-la-gran-esfinge/

Se ha comprobado que no pudieron Construirse las pirámides, sin electricidad, para tener luz en el acabado de los túneles y sus ilustraciones y jeroglíficos, no pudieron labrarse y brunirse las piedras sin láseres y herramientas de hierro adiamantado, no pudieron transportar algunas piedras y colocarlas, sin grúas de las más grandes de nuestro tiempo, sin fuerza motriz, sin conocimientos astronómicos como recién tuvieron los humanos en el último siglo pasado….Nunca pudieron hacer las pirámides en el tiempo anotado de decenas de años, porque para ello se debían colocar las grandes piedras cada minuto

Cosa imposible…..La ayuda fue extraterrestre y fue crucial.

Podemos suponer que tal como resultó en la Tierra, los mismos extraterrestres fundaron la primera civilización sobre MARTE.

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001-

Imagen relacionada

Similitudes.

“Extraterrestres influenciaron a los primitivos marcianos, como luego lo harían en la Tierra”     Por Manlio E. Wydler (°)

En estas fotos tomadas por el Rover Opportunity y la última por uno de los Orbitadores desde el espacio, muestran un parecido enorme con las consrucciones que encontramos en Egipto, en la Tierra.

En Marte, están muy erosionadas, lo que denota una gran antig[uedad, pero su semejanza es notable….lo que muestra a otra raza ayudando a los marcianos, como sucedió en la Tierra con los faraones más alejados en el tiempo.

Las pirámides, difieren  en que tiene un lado más y su disposición muestra una posición diferente de las estrellas que remedan. -El cinturón de Orión-Indican la posición que tenían hace 850 millones de años.

(°) Ingeniero, Presidente Honoraario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.