La Tierra salvada.

“Logran ver bien la superficie de una Gigante Roja”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

A 530 años luz de la Tierra, en la constelación de la Grulla, la gigante roja π1 Gruis es uno de los mejores ejemplos de cómo será nuestro Sol en el futuro. La estrella, en efecto, tiene la misma masa que el Astro Rey, pero es 700 veces más grande y varias miles de veces más brillante.

 

Un equipo internacional de astrónomos, dirigidos por Claudia Paladini, del Observatorio Europeo del Sur (ESO), ha utilizado el instrumento PIONIER del Very Large Telescope para observar la estrella con un detalle sin precedentes. Y ha descubierto que en la superficie de esta gigante roja apenas hay unas pocas células de convección, pero que cada una de ellas mide unos 120 millones de km., un cuarto del diámetro de la estrella. Para hacernos una idea de lo que eso significa, baste pensar que en nuestro Sistema Solar, cada uno de esos gránulos se extendería desde el Sol hasta más allá de la órbita de Venus.

La superficie (fotosfera) de la mayor parte de las estrellas gigantes suele permanecer oculta por densas nubes de polvo, lo que dificulta en extremo las observaciones. Sin embargo, en el caso de π1 Gruis, y a pesar de que el polvo está presente, su localización, lejos de la estrella, no supone un obstáculo significativo para los nuevos instrumentos de observación en el infrarrojo.

La estrella, como buena gigante roja, agotó hace mucho tiempo sus reservas de hidrógeno, su combustible principal durante miles de millones de años. Lo cual terminó con la primera fase de su “programa” de fusión nuclear. Cuando a una estrella se le termina el hidrógeno, en efecto, su horno de fusión queda inactivo, dejando de suministrar la energía necesaria para resistirse a su propia gravedad, que tiende a aplastarla.

En este punto, al no hallar resistencia, la gravedad hace que la estrella se encoja, y al hacerlo se calienta cada vez más, hasta alcanzar una temperatura de 100 millones de grados, que es la temperatura de fusión del helio, el elemento que la propia estrella ha estado sintetizando durante la etapa de fusión del hidrógeno y que ahora es el más abundante.

Alcanzada esa enorme temperatura, el horno nuclear vuelve a encenderse, esta vez para quemar helio, a partir de cuya fusión la estrella empieza a sintetizar elementos más pesados, como carbono u oxígeno.

Al volver a generar energía en gran cantidad, la estrella vence a la gravedad y empieza a crecer rápidamente, expulsando sus capas exteriores y convirtiéndose en un auténtico “balón” hinchado y cientos de veces más grande que la estrella original.

π1 Gruis está, precisamente, en esa fase de su existencia, y nunca hasta ahora se había conseguido una imagen tan detallada de la superficie de una gigante roja.

Nuestro Sol, que está aún en la etapa de quemar hidrógeno (le queda combustible para unos 5.000 millones de años más) ofrece, por ahora, un aspecto bien diferente. Y su fotosfera no contiene solo unas pocas y enormes células de convección, sino cerca de dos millones de ellas, cada una de unos 1.500 km de diámetro.

La enorme diferencia de tamaño entre estos gránulos y los de π1 Gruis puede explicarse, en parte, por las diferentes gravedades superficiales de ambas estrellas. π1 Gruis, en efecto, aunque tiene una masa similar a la del Sol (1,5 veces) es mucho más grande, lo que implica una menor gravedad en su superficie, algo que favorece la creación de pocas y enormes células convectivas.

Sin embargo, no nos engañemos, los parecidos entre π1 Gruis y el Sol son muchos más que sus diferencias. Y dentro de 5.000 millones de años, cuando nuestra estrella también agote su hidrógeno, se verá sometida a los mismos y devastadores procesos.

El resultado, como en el caso de π1 Gruis, será que nuestro Sol también se convertirá en una enorme gigante roja, cientos de veces más grande de lo que es en la actualidad. Para entonces, su diámetro habrá crecido tanto que se habrá tragado, literalmente, a Mercurio y Venus, los dos planetas más interiores de nuestro sistema. Y la Tierra, si es que existe todavía, será una roca tan caliente que no podrá albergar ya ningún tipo de vida.

 

Sin embargo, considero que por     la expansión acelerada, nuestra tierra por entonces ocupará una posición más allá de la que hoy ocupa Marte, casi llegando a la posición donde hoy se encuentran los primeros asteroides.

Por lo que pensamos que nuestra Tierra aún podrá tener un clima apto para la vida, aunque bastante más caluroso.

(°) Ingeniero.Presidente H. de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

π1 Gruis

Más puntos de vista sobre la conciencia.

“Otro artículo que indaga sobre la formación de conciencia y se acerca a mis ideas”

Por Manlio E. Wydler (°)

Hace unos meses escribí sobre la formación conjunta del pensamiento con las operaciones cuánticas que implican el vivir. Es así que me agrada colocar este otro punto de vista sobre el tema-

El cerebro estaría conectado con el cosmos a escala cuántica

Este vínculo podría explicar cómo de los procesos cerebrales físicos emerge la consciencia, según una nueva hipótesis

¿Cómo pueden los procesos cerebrales físicos dar lugar a la consciencia, que es inmaterial? En la relación entre la actividad neuronal y la escala cuántica del cosmos podría estar la respuesta, según algunos científicos. Es lo que proponen Dirk K F Meijer y Hans J.H. Geesink, de la Universidad de Groninga, en Holanda, en un artículo publicado en “NeuroQuantology”.

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Era de esperar que los avances del último siglo en física cuántica y la cosmovisión derivada de ellos llevaran a una variación de la definición de “consciencia” y “mente”.

Quizá algún día estos avances ayuden a responder a la inquietante pregunta sobre cómo de los procesos cerebrales (es decir, físicos) puede emerger la consciencia, que es inmaterial.

La relación entre la actividad neuronal (la de las células del cerebro) y la escala cuántica (la de las partículas que conforman los átomos) ya fue abordada en los años 90 por los investigadores Roger Penrose y Stuart Hameroff con una sorprendente teoría que, hace poco y a raíz de nuevos hallazgos, ha sido revisada.

 

Se trataba de la hipótesis de la “Reducción Objetiva Orquestada u Orch OR”, que propone que la consciencia se deriva de la actividad de las neuronas a escala cuántica o subatómica, es decir, de procesos cuánticos biológicamente orquestados en los microtúbulos o minúsculas estructuras tubulares situadas dentro de las neuronas del cerebro. 

 

Esa actividad cuántica entrañada a un nivel cerebral profundo, además de gobernar la función neuronal y sináptica, conectaría los procesos cerebrales a procesos de autoorganización presentes fuera del cerebro, en la estructura cuántica de la realidad, afirmaban Hameroff y Penrose. Es decir, que nuestro cerebro podría estar conectado a una estructura externa, que de alguna manera sería ‘protoconsciente’.

Hace unos meses, la revista NeuroQuantology publicaba un artículo sobre la consciencia desde una perpectiva cuántica, que va incluso más allá de la propuesta de Hameroff y Penrose.

Firmado por los científicos Dirk K F Meijer y Hans J.H. Geesink de la Universidad de Groninga, en Holanda, teoriza que nuestro cerebro, además de ser un órgano de procesamiento ligado a nuestro organismo, con el que intercambia información continuamente, está vinculado al resto del universo a nivel cuántico.

Según Meijer y Geesink, a dicho nivel, nuestro cerebro estaría conectado con campos cósmicos como el de la gravedad, el de la energía punto cero o el de las energías de los campos magnéticos de la Tierra.

Esa conexión se daría a través de mecanismos bien establecidos por la teoría cuántica como el entrelazamiento cuántico (que vincula a partículas entrelazadas más allá del espacio-tiempo) o el efecto túnel cuántico (que se da cuando una partícula cuántica viola los principios de la mecánica clásica, al atravesar una barrera de potencial imposible de atravesar para una partícula clásica).

 

La idea nos recuerda a la propuesta en 2008 por un estudio, en el que se relacionaba la capacidad de orientación de las aves migratorias con una posible “conexión cuántica” de estas con el campo magnético terrestre; aunque en aquel caso el campo magnético no “conectaba” con el cerebro de las aves, sino con los electrones presentes en los iones más inestables de sus retinas.

 

Meyer y Geesink proponen que el cerebro podría “comunicarse” con esos tipos diversos de campos gracias a una geometría, la conocida como geometría de toro o toroidal, que básicamente está constituida por espirales circunscritas en una esfera (se puede entender imaginando una rosquilla).

 

Al parecer, el toroide es la forma que tienen los átomos, los fotones y toda unidad mínima constitutiva de la realidad. Pero no solo: Según los investigadores holandeses, nuestro  cerebro se organizaría también siguiendo esta estructura (aquí hemos hablado antes de las geometrías que forma el cerebro en su actividad).

 

Esa coincidencia geométrica es la que permitiría al cerebro acoplarse a los campos que nos rodean, para recibir de ellos información continuamente en forma de ondas. Gracias a esto, en nuestra mente se actualizaría, de manera continua, un espacio de memoria global simétrica al tiempo.

 

Además,  el acoplamiento y ajuste continuos del cerebro a los campos externos, afirman Meijer y Geesink, permitirían guiar la estructura cortical del cerebro hacia una mayor coordinación de la reflexión y de la acción, así como hacia una sincronía en red, que es la necesaria en los estados de consciencia.

 

Pero los investigadores holandeses van más allá de todo esto en sus postulados. También señalan que la consciencia no es exclusiva del cerebro, sino que surgiría en todo el universo a escala invariante, de nuevo a través del acoplamiento anidado toroidal de varias energías de campos.

 

Quizá esto pudiera relacionarse con el concepto de “protoconsciencia” de Hameroff y Penrose del que hemos hablado antes; e incluso con la idea de la matriz de información universal del paradigma holográfico propuesto por el físico David Bohm en el siglo XX.

Meijer y Geesink llegan a describir la mente como un campo situado alrededor del cerebro (lo llaman campo estructurado holográfico), que recogería información externa al cerebro y la comunicaría a este órgano, a gran velocidad (no en vano hablamos de procesos cuánticos). Los investigadores aventuran que este hecho podría explicar la rapidez con la que el cerebro registra y procesa información del entorno, a nivel consciente e inconsciente.
Ese campo estructurado holográfico estaría, según ellos, en la cuarta dimensión o espacio-tiempo, aunque tenga efectos en nuestro cerebro tridimensional e incluso en la manera en que percibimos el mundo en tres dimensiones.

 

Curiosamente, una idea “parecida” proponía hace unos años el antropólogo Roger Bartran, en su obra Antropología del cerebro: la conciencia y los sistemas simbólicos, aunque en aquel caso la parte de consciencia humana “fuera del cerebro” se ubicaba en los sistemas culturales, con los que algunas regiones cerebrales están estrechamente ligadas.

Para los científicos holandeses, su hipótesis tiene profundas implicaciones filosóficas: Sugiere que existe una “profunda  conexión de la humanidad con el cosmos” que nos obliga a tener “una gran responsabilidad sobre el futuro de nuestro planeta”, escriben en su artículo.

Asimismo, su teoría podría conllevar un atisbo de respuesta para la pregunta con la que iniciamos este artículo: ¿Cómo los procesos cerebrales (es decir, físicos) dan lugar a la consciencia, que es inmaterial?

 

Quizá sea que existe un campo mental situado en la cuarta dimensión, allí conectado a otros campos externos mientras, al mismo tiempo, forma parte física de nuestro cerebro. Pero habrá que esperar a que ese campo mental sea una certeza para poder lanzar conclusiones definitivas.

 

(°) Ingeniero, Presidente de FAPLEV. Vecino Solidario 2001

Imagen: ColiN00B. Fuente: Pixabay.

De la Química Inorgánica a la Biológica

Los primeros procesos metabólicos parecen guardar una estrecha relación con reacciones prebióticas.

 

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

Según un análisis filogenético de 2016, LUCA, el «último antepasado común universal» de los seres vivos, en la base de este árbol (que por la derecha llega hasta las eucariotas, y por lo tanto hasta nosotros), tenía rutas metabólicas que todavía existen en ciertas bacterias y en ciertas arqueas actuales. Unos experimentos indican que las moléculas que esas rutas producen a partir del dióxido de carbono son las mismas que las formadas por cadenas prebióticas de reacciones químicas en las que intervienen metales en vez de enzimas de las células [NASA, Eric Gaba).

Los procesos metabólicos de la vida guardan en su origen una estrecha relación con la química inorgánica: para obtener la ruta metabólica que les proporciona los componentes con que estaban construidos, los primeros organismos sustituyeron con  sus propias enzimas a los metales que catalizaban una cadena prebiótica de reacciones muy semejante a la fijación biológica del dióxido de carbono (su conversión en compuestos orgánicos); esta, pues, seguiría los pasos de esa precursora anterior a la aparición de la vida. O, al menos, tal parece ser la conclusión que se sigue de los experimentos de Sreejith J. Varma y sus colaboradores, de la Universidad de Estrasburgo. Como explica este grupo en una prepublicación aparecida en el repositorio bioRxiv, parece que el sistema metabólico más antiguo tuvo un predecesor prebiótico inmediato: la ruta reductora para la acetil coenzima A (que en muchas bacterias y arqueas fabrica a partir de dióxido de carbono acetato que se liga a la llamada coenzima A para formar acetil coenzima A, que luego convierten en piruvato) funcionaría también sin enzimas, valiéndose del hierro, el níquel y el cobalto en su lugar.

Varma y su equipo comprobaron que diversos metales en polvo reaccionaban en una disolución salina con el dióxido de carbono. Determinaron así que en todo un amplio intervalo de condiciones de reacción se formaban de esa manera, en efecto, acetato y piruvato; se trataba, pues, de la misma ruta (cadena de reacciones que lleva de unas sustancias a otras) por la que muchas bacterias y arqueas fijan el dióxido de carbono del aire. De esta ruta, además, cabe suponer que actuaba ya en el último antecesor común a todos los organismos actuales. La interpretación del resultado es que la vida podría haber surgido, sin lagunas intermedias, de la química de la Tierra primitiva.

Las primeras formas de vida se habrían apropiado de una cadena de reacciones químicas que salvaban el salto de energía entre los metales reductores de la corteza terrestre y la atmósfera oxidante, escribe el grupo de investigadores. El dióxido de carbono se enlaza a la superficie de los metales y toma electrones. El agua se disocia y se forman acetato, piruvato y otras moléculas orgánicas pequeñas (el equipo de investigadores ha encontrado también parte de un segundo proceso bioquímico de fijación del dióxido de carbono, el ciclo reductivo inverso de Krebs, en esas reacciones metálicas prebióticas).

(°) Ingeniero, Presidente H. de FAPLEV. Vecino Solidario 2001-

Cuerda sobre Sagitario A.

“Se investiga una cuerda que señala a Sagitario A”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

En el centro de nuestra galaxia, a 26.000 años luz de la Tierra, reside un agujero negro supermasivo llamado Sagitario A*, cuatro millones de veces más masivo que el Sol. Pero el monstruo no es el único que acecha en esa región del espacio. Los astrónomos han descubierto en las cercanías otra estructura gigantesca, una especie de serpiente de 2,3 años luz de longitud que se curva para apuntar al pozo cósmico. Todavía no entienden lo que es, pero ahora han conseguido su mejor foto.

En 2016, Farhad Yusef-Zadeh, de la Universidad de Northwestern informó del hallazgo de un inusual filamento cerca del centro de la Vía Láctea. Ahora, otro equipo de astrónomos ha empleado una técnica pionera para producir la imagen de más alta calidad obtenida hasta ahora de este objeto curvo.

«Con nuestra imagen mejorada, podemos seguir este filamento mucho más cerca del agujero negro central de la galaxia, y está lo suficientemente cerca como para indicarnos que debe originarse allí», afirma Mark Morris, de la Universidad de California en Los Ángeles, responsable del estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters. «Sin embargo, todavía tenemos más trabajo por hacer para descubrir cuál es la verdadera naturaleza de este filamento».

Los investigadores han considerado tres explicaciones principales. La primera es que está causada por partículas de alta velocidad expulsadas del agujero negro supermasivo. Un agujero negro puede producir una torre vertical giratoria de campo magnético que se acerca o incluso se enrosca en el horizonte de eventos, el punto de no retorno para la materia que se acerca. Dentro de esta torre, las partículas se acelerarían y producirían emisiones de radio a medida que giraran en espiral alrededor de las líneas del campo magnético y se alejarían del agujero negro.

La segunda posibilidad, más fantástica, es que el filamento es una cadena cósmica, de objetos teóricamente aún no detectados, que son largos y extremadamente delgados y transportan masa y corrientes eléctricas. Anteriormente, los teóricos habían predicho que las cuerdas cósmicas, si existieran, migrarían a los centros de las galaxias. Si la cuerda se mueve lo suficientemente cerca del agujero negro central, se puede capturar cuando una parte de la cuerda cruza el horizonte de sucesos.

La última opción es que la posición y la dirección del filamento que se alinea con el agujero negro son meras superposiciones coincidentes, y no existe una asociación real entre las dos. Esto implicaría que es como docenas de otros filamentos conocidos que se encuentran más lejos del centro de la galaxia. Sin embargo, tal coincidencia es bastante improbable que ocurra por casualidad.

«Parte de la emoción de la ciencia es tropezar con un misterio que no es fácil de resolver», dice el coautor Jun-Hui Zhao, del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica en Cambridge, Massachusetts. «Aunque no tenemos la respuesta, sin embargo, el camino para encontrarlo es fascinante. Este resultado está motivando a los astrónomos a construir radiotelescopios de próxima generación con tecnología de punta».

Según los astrónomos, cada uno de los escenarios que se investigan proporcionaría una visión intrigante si se demostrara cierta. Por ejemplo, si el filamento es causado por partículas eyectadas por Sagitario A*, esto revelaría información importante sobre el campo magnético en este entorno especial, mostrando que es suave y ordenado en lugar de caótico.

La segunda opción, la cadena cósmica, proporcionaría la primera evidencia de una idea altamente especulativa con profundas implicaciones para comprender la gravedad, el espacio-tiempo y el Universo mismo. Incluso si el filamento no está físicamente ligado al agujero, su curva es aún inusual. Coincide con una onda de choque, similar a un estampido sónico, donde la onda expansiva de una estrella explotada choca con los poderosos vientos que soplan desde las estrellas masivas que rodean el agujero negro central.

«Seguiremos a la caza hasta que tengamos una explicación sólida para este objeto», asegura el coautor Miller Goss, del Observatorio Nacional de Radioastronomía en Socorro, Nuevo México. «Y apuntamos a producir imágenes aún mejores y más reveladoras».

(°) Ingeniero. Presidente H. de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

El extraño filamento, en el centro de la imagen, junto a Sagitario A*, el punto brillante debajo

Aviso de muerte-

Aviso natural de aproximación de la muerte!”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

Un grupo de investigadores de la Universidad de Éxeter (Reino Unido) ha demostrado que la disminución de la presión arterial en las personas mayores es uno de los indicios más reveladores que señalan la aproximación al momento de la muerte. Los científicos publicaron su trabajo en la revista JAMA Internal Medicine.

 

En su estudio, los científicos analizaron los datos de presión arterial de más de 46.000 británicos de más de 60 años de edad. La investigación incluía tanto a individuos que sufrían de hipertensión, demencia e insuficiencias cardíacas como a personas que no tenían problemas de salud.

 

Los resultados revelaron que todos los participantes del estudio experimentaban una progresiva disminución de la presión sanguínea que empezaba unos 14 años antes de que les sobreviniera la muerte. Asimismo, los investigadores observaron que esta reducción se hacía más pronunciada en los dos últimos años de vida.

 

(°) Ingeniero. Presidente H. de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Desvelan uno de los principales indicios de la llegada de la muerte

Líquido raro

“Líquido cuántico que es cien veces más diluido que el agua y un millón de veces más leve que el aire”

 

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

 

El mundo cuántico es extraordinario. Lo más extraño puede pasar: que los gatos estén vivos y muertos al mismo tiempo, o que las cosas aparezcan y desaparezcan a voluntad o incluso viajen adelante y atrás en el tiempo. Porque ese mundo de lo infinítamente pequeño, el de las partículas, tiene sus propias reglas, leyes que muchas veces contradicen lo que ocurre en el mundo que conocemos, el que todos podemos tocar con la mano, el macroscópico.

 

Ahora, un grupo de investigadores del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) en Barcelona ha demostrado la existencia de otra de esas extravagancias cuánticas, una extraña y nueva fase de la materia que, además, han conseguido fotografiar y grabar en vídeo. Se trata de un líquido cien millones de veces más diluido que el agua y un millón de veces menos denso que el aire. Los  aparecen publicados esta semana en la revista «Science».

 

«Teníamos una gran curiosidad científica. Si te dicen que algo es raro, lo quieres ver», admite Leticia Tarruell, una de las autoras del estudio y profesora del ICFO. La existencia de este líquido a temperaturas muy bajas había sido propuesta por Dimitry Petrov, un físico teórico ruso director de investigación del CNRS, el CSIC francés, hace un par de años, pero no ha sido hasta ahora que el equipo ha conseguido observarlo con una cámara algo más sensible que la que puede tener un móvil.

Siguiendo su «receta», los investigadores enfriaron un gas de átomos de potasio a -273,15º C, muy cerca del cero absoluto. Aunque a estas temperaturas los átomos se comportan como ondas y siguen las reglas de la mecánica cuántica, aún conservan la propiedad intrínseca de un gas: se expanden en ausencia de un contenedor. Por el contrario, cuando esos gases se mezclan y se atraen, los átomos forman gotas líquidas. Según los autores, en muchos aspectos, esas gotas son muy similares a las del agua, tienen su propio tamaño y forma, independientemente de dónde las pongan, pero son mucho más frías y tienen propiedades cuánticas.

El nuevo líquido «se comporta como tal: toma la forma del recipiente en el que se encuentre y su volumen no cambia al contrario que el gas, que se expande y ocupa todo el espacio que le dan», explica la investigadora. Pero al mismo tiempo, y aquí viene lo extraño, «es mucho más diluido, los átomos están muy separados entre sí. «Tanto que con la cantidad de agua de una cuchara sopera podríamos llenar una piscina olímpica», dice.

El hallazgo podría servir en un futuro para realizar mediciones más precisas de gravedad o aceleración, aunque los autores reconocen que todavía es pronto para darle tal utilidad. También podría emplearse para entender mejor algunas propiedades de otros sistemas, como estrellas de neutrones o materiales complejos.

Estos estudios nos dan ideas para establecer teorías volumétricas en diferentes estadios en Universo inflacionarios y retrayentes.

(°) Compilado por Manlio E. Wydler (°)

Vista artística de una gotita líquida cuántica formada mezclando dos gases de átomos de potasio ultrafríos

La luz, como hielo

“La luz sólida”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

 

En un asombroso experimento se ha conseguido que unos fotones (las partículas de la luz) se comporten de un modo nuevo, nunca antes visto.

 

Para preparar el experimento, el equipo internacional de Andrew Houck, Hakan Türeci y Darius Sadri, de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey, Estados Unidos, creó una estructura que contenía cien mil millones de átomos preparados de tal modo que podían actuar como un solo “átomo artificial”. Este átomo artificial fue colocado cerca de unos fotones.

 

Mediante un fenómeno de la mecánica cuántica, los fotones “heredaron” algunas de las propiedades del átomo artificial, en cierto sentido conectándose a él. En este sistema, los investigadores consiguieron crear un nuevo comportamiento fotónico, consistente en que los fotones comenzaron a interactuar como si en algunos aspectos fuesen partículas de materia.

 

Estas interacciones hicieron adquirir a la luz un comportamiento colectivo completamente nuevo, similar a las fases de la materia, como líquidos y cristales, estudiadas en la física de la materia condensada.

 

A veces la luz se comporta como una onda y otras veces como una partícula. En el laboratorio de la Universidad de Princeton, los investigadores han obtenido un nuevo comportamiento. Estos científicos crearon una situación en la cual la luz se comportó de un modo capaz de permitir a dos fotones interactuar entre sí con mucha fuerza. En un modo de operación, el comportamiento de la luz se asemeja al movimiento de un líquido; en la otra, la luz se “congela” como un sólido

 

Estas luz que cuerpo son usadas por los extraterrestres como armas.

 

 

 

(°) Ingeniero, Presidente H. de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

 

 

 

Las .oscilaciones de fotones crean una imagen de luz “congelada”. (Imagen: J. Raftery, D. Sadri, S. Schmidt, H.E. Türeci, y A. A. Houck)

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El olvido es de todos.

“La Inteligencia Artificial, podrá olvidar cómo la humana”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

La memoria es una función del cerebro que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar la información del pasado. El olvido es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar, o de guardar en la memoria, información adquirida.

Ambas funciones cerebrales son fundamentales para la vida, ya que el cerebro puede funcionar bien no sólo porque es capaz de recordar, sino también de olvidar, una acción que tiene que ver con el debilitamiento de ciertas conexiones sinápticas (entre neuronas).

Ahora, los científicos han descubierto por primera vez que en la naturaleza existe un material que también es capaz de olvidar de la misma forma que lo hace el cerebro. El descubrimiento se ha producido en un cristal cuántico llamado perovskita cuántica. “Es difícil crear un material no vivo que muestre un patrón que se asemeje a un tipo de olvido, pero el material específico con el que trabajamos puede imitar ese tipo de comportamiento”, explica su descubridor, Subramanian Sankaranarayanan, en un comunicado. 

Inspirados en el olvido humano -cómo nuestro cerebro descarta datos innecesarios para dar cabida a nueva información-, científicos del Laboratorio Nacional Argonne, del Departamento de Energía de EE. UU. (DOE), en colaboración con el Laboratorio Nacional Brookhaven y de tres universidades, realizaron un estudio que combinó simulación cuántica mediante un superordenador y caracterización de rayos X de un material que “olvida” gradualmente. 

La perovskita cuántica ofrece a los investigadores un modelo no biológico más simple de lo que podría parecer el “olvido” en un nivel electrónico. Muestra una respuesta adaptativa cuando los protones se insertan y eliminan repetidamente que se asemeja a la desensibilización del cerebro a un estímulo recurrente.

La perovskita parece “adaptarse” o “habituarse” cuando los científicos juguetean con sus protones. “Cuando los científicos agregan o eliminan un protón de la retícula de perovskita, la estructura atómica del material se expande o contrae de forma espectacular para adaptarse a un proceso llamado ‘respiración reticular'”, explica Badri Narayanan, otro miembro del equipo de investigación.

Sin embargo, a medida que se repite este proceso, la perovskita cambia sus propiedades para acomodarse a su entorno inusual, hasta que eventualmente parece “olvidar” que las cosas fueron alguna vez diferentes. Se trata de  un efecto fascinante en el nivel cuántico que representa el primer mecanismo conocido fuera de un cerebro biológico que puede imitar tan de cerca el olvido neurológico. 

A medida que el material responde a los protones que los científicos agregan y restan, su capacidad para resistir una corriente eléctrica puede verse gravemente afectada. Este comportamiento permite que el material sea programado efectivamente, como un ordenador, mediante el dopaje de protones. Esencialmente, un científico podría insertar o eliminar protones para controlar si la perovskita permitiría o no una corriente.

El proceso podría ser utilizado para crear inteligencia artificial más avanzada, para dotar a las máquinas del tipo de flexibilidad y complejidad que vemos en nuestros cerebros, pero que es difícil de duplicar en otros materiales naturales. La investigación también puede ayudar a los científicos a comprender mejor cómo estos mecanismos podrían funcionar dentro de los cerebros biológicos.

(°) Ingeniero. Presidente  H. de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Foto: Ars Electronica

 

Viejo invento de Tesla.

“El Receptor de Energía Libre y Gratuita de Nikola TESLA”

 

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

Si usted es principiante, piense en este aparato como un panel solar-eléctrico. Sin embargo, la invención de Tesla es muy diferente, pero lo más cercana en cuanto a la tecnología convencional es la fotovoltaica. Tiene más de 80 años de antig[uedad este invento de Tesla.

 

Una diferencia radical es que los paneles convencionales solares-eléctricos consisten de un substrato revestido con silicio cristalino; este último usa silicio amorfo. Los paneles solares convencionales son caros, y, cualquiera sea el revestimiento, son fabricados por procesos cuasi “esotéricos”.

 

Pero el panel solar de Tesla es simplemente un brillante metal lustroso plateado con un revestimiento transparente de algún material aislante que hoy puede ser un plástico en spray.

Clave una de estos paneles (parecido a antena) colocándolo arriba, en el aire; cuanto más alto, mejor, y conéctelo a un lado del condensador, el otro extremo del cable, va al terreno (descarga a tierra). Ahora la energía del sol se carga en el condensador. Conecte a través del condensador algún tipo de dispositivo (switch) para que pueda ser descargado en intervalos rítmicos, y tendrá entonces, una salida eléctrica.

 

Tesla nos demuestra, a través de su patente, que es simple conseguir energía eléctrica gratuita.

Cuanto más grande es el área del plato aislado, más energía usted consigue.

Pero esto es más que un ‘panel solar” porque no necesita necesariamente que sol brille. También produce energía de noche.

 

Por supuesto, esta es imposible según la ciencia oficial.

 

Por esto, usted no podría conseguir una patente sobre tal invención hoy. Muchos inventores han aprendido esta dura lección. El mismo Tesla tuvo problemas con los examinadores de las patentes, pero hoy los inventores de dispositivos generadores de energía gratuita la tienen mucho más dificil.

 

La mayoría de los responsables de las oficinas de Patente en USA, por ejemplo, están muy ligados a gigantescas empresas con intereses creados (como en el caso de la época de Reagan, cuya oficina encargada de las patentes, estaba a cargo de un ex alto ejecutivo de Phillips Petroleum.)

 

El receptor de Tesla, de energía libre se patentó en 1901 como “Un Aparato para la Utilización de Energía Radiante”. La patente se refiere a “el sol, así como también otras fuentes de energía radiante, como rayos cósmicos.”

 

Que el dispositivo trabaje de noche se explica desde el punto de vista que a la noche es el momento de mayor disponibilidad de rayos cósmicos.

 

Tesla también se refiere al terreno como “un vasto depósito de electricidad negativa.”
Tesla estaba fascinado por la energía radiante y sus posibilidades de convertirse en energía libre y gratuita.

 

(°) Ingeniero, Presidente H. de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

Resultado de imagen para Fotos de antenas parabólica

Quarks entrelazados.

“Entrelazamientos de quarks y las nuevas físicas”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

Recientemente, un grupo de físicos propuso una respuesta en forma de ‘agujeros de gusano’ o túneles gravitacionales.

El grupo demostró que, mediante la creación de dos agujeros negros entrelazados que se separaban a continuación, se formaba un agujero de gusano -esencialmente un ‘atajo’ a través del universo-, que conectaba a los agujeros negros distantes entre sí. Ahora, un físico del Massachusetts Institute of Technology (MIT, de Boston, EE.UU.) ha descubierto que, observada a través de la teoría de cuerdas‎, la creación de dos quarks -los bloques de los que están hechos los protones y los neutrones- entrelazados da lugar simultáneamente a un agujero de gusano que conecta el par.

Los resultados teóricos refuerzan la relativamente nueva y emocionante idea de que las leyes de la gravedad que mantienen unido el universo pueden no ser fundamentales, sino que surgen de algo más: el entrelazamiento cuántico.

Julian Sonner, un post-doc senior del Laboratorio de Ciencia Nuclear y Centro de Física Teórica de MIT, ha publicado sus resultados en la revista Physical Review Letters, donde aparece junto con un artículo relacionado de Kristan Jensen, de la Universidad de Victoria (Canadá) y Andreas Karch, de la Universidad de Washington (Seattle, EE.UU.)

LA ENMARAÑADA RED QUE ES LA GRAVEDAD 

Desde que la mecánica cuántica fue propuesta por primera vez hace más de un siglo, el principal desafío para los físicos de ese ámbito ha sido explicar la gravedad en términos de la mecánica cuántica. Si bien la mecánica cuántica funciona muy bien en la descripción de las interacciones a nivel microscópico, no explica la gravedad, un concepto fundamental de la relatividad, una teoría propuesta por Einstein para describir el mundo macroscópico.

Por lo tanto, parece que hay una barrera importante para la conciliación de la mecánica cuántica y la relatividad general; durante años, los físicos han tratado de llegar a una teoría de la gravedad cuántica para casar los dos campos. Una teoría de la gravedad cuántica sugiere que la gravedad clásica no es un concepto fundamental, como propuso Einstein por primera vez, sino que surge de un fenómeno más básico, basado en la cuántica. En un contexto macroscópico, esto significaría que el universo está formado por algo más fundamental que las fuerzas de la gravedad.

Aquí es donde el entrelazamiento cuántico podría desempeñar un papel. Podría parecer que el concepto de entrelazamiento -uno de los más fundamentales en la mecánica cuántica- está en conflicto directo con la relatividad general: dos partículas entrelazadas, ‘comunicándose’ a través de grandes distancias, tendrían que hacerlo a velocidades superiores a las de la luz, lo que sería una violación de las leyes de la física, según Einstein.

Por consiguiente, puede resultar sorprendente que el uso del concepto de entrelazamiento para construir el espacio-tiempo sea un paso importante hacia la reconciliación de las leyes de la mecánica cuántica y la relatividad general.

POR EL “TÚNEL” HACIA LA QUINTA DIMENSIÓN 

Los físicos Juan Maldacena, del Instituto de Estudios Avanzados, y Leonard Susskind, de la Universidad de Stanford (California, EE.UU.) propusieron una solución teórica en forma de dos agujeros negros entrelazados.

Cuando los agujeros negros estaban entrelazados, y luego se separaban, los teóricos encontraron que lo que surgía era un agujero de gusano, un túnel a través del espacio-tiempo que se cree que está sostenido por la gravedad. La idea parecía sugerir que, en el caso de los agujeros de gusano, la gravedad surge de un fenómeno más fundamental, los agujeros negros entrelazados.

Siguiendo el trabajo de Jensen y Karch, Sonner ha tratado de abordar esta idea a nivel de los quarks. Para ver lo que surge a partir de dos quarks entrelazados, primero generó quarks utilizando el efecto Schwinger, un concepto en la teoría cuántica que permite crear partículas de la nada. Más precisamente, el efecto, también llamado “creación de pares”, permite que dos partículas surjan del vacío, “sopa de partículas efímeras”.

Bajo un campo eléctrico se puede, como explica Sonner en la información de MIT, “atrapar un par de partículas” antes de que desaparezcan de nuevo en el vacío. Una vez extraídas, estas partículas se consideran entrelazadas.

Sonner mapeó los quarks entrelazados en un espacio de cuatro dimensiones, considerado una representación del espacio-tiempo. En cuanto a la gravedad, se considera que existe en la siguiente dimensión, ya que de acuerdo con las leyes de Einstein, actúa “curvando” el espacio-tiempo; es decir, que existe en la quinta dimensión.

LA NUEVA GEOMETRÍA 

Para ver qué geometría puede surgir en la quinta dimensión a partir de los quarks entrelazados en la cuarta, Sonner empleó la dualidad holográfica, un concepto de la teoría de cuerdas: Aunque un holograma es un objeto de dos dimensiones, contiene toda la información necesaria para representar una visión tridimensional. Esencialmente, la dualidad holográfica es una manera de derivar una dimensión más compleja a partir de la dimensión inmediatamente inferior.

Usando la dualidad holográfica, Sonner derivó los quarks entrelazados, y descubrió que lo que surgía era un agujero de gusano que conectaba a ambos, lo que implica que la creación de quarks crea al mismo tiempo un agujero de gusano.

A nivel más fundamental, los resultados sugieren que la gravedad puede, de hecho, emerger del entrelazamiento. Lo que es más, la geometría, o curvatura, del universo tal y como lo describe la gravedad clásica, pueden ser una consecuencia del entrelazamiento, como la existente entre los pares de partículas unidos entre sí por los túneles en forma de agujeros de gusano.

Es la representación más básica hasta ahora que tenemos de cómo el entrelazamiento da lugar a una especie de geometría”, explica Sonner. “¿Qué pasa si se pierde parte de este entrelazamiento, y qué le ocurre a la geometría? Hay muchos caminos que pueden recorrerse en esta investigación, y este trabajo puede llegar a ser muy útil en ese sentido”.

El entrelazamiento de los quarks, permiten estar inmediatamente conectados, no solo al confín del Universo expansivo, sino a todos los expansivos y retrayentes de todo el MULTIVERSO.

La gravedad es un subproducto del entrelazamiento de los quarks y la relación con la electricidad y el magnetismo, se genera íntimamente en estos factores.

(°) Ingeniero, Presidente Honorario de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

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