Sin agua en grandes ciudades.

“Grandes ciudades sin agua”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

Ciudad del Cabo se encuentra en una zona de “escasez física del agua”, según ubicó el Fondo Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) en su ‘Mapa de escasez de agua’. En el informe “La economía del agua cada vez será más importante”, el mapa contempla dos zonas más: con “suficiente agua o muy poca escasez” y los que sufren de “escasez económica del agua”.

El informe entregado en noviembre del año pasado explica que los países con “escasez física del agua” son aquellos donde la demanda es mayor al suministro del recurso. Mientras que los de “escasez económica del agua” son los que con recursos hídricos carecen del suministro por infraestructura, contaminación o deficiencia para potabilizar el agua.

El WEF sitúa a Lima en la zona de “escasez económica del agua”, mientras que el Perú entero se divide en esta posición y la de “escasez física del agua”, en parte al llamado “estrés hídrico” que se produce por el crecimiento demográfico y económico de la región, con implicancia de un mayor consumo de agua potable y contaminación de las fuentes primarias.

En el Perú se consume en promedio poco más de 150 litros de agua por habitante cada día. La media del consumo de nuestro país es similar al de naciones como Noruega, Finlandia, Reino Unido o Alemania, donde sí tienen agua suficiente para ofrecer a su población y no padecen de carencias hídricas, según datos del WEF.

El 36 por ciento de la población mundial vive en “estrés hídrico”, según dice Marc Fortuño, autor del informe del WEF y dueño del Blog Salmón. El consumo doméstico no es el principal actor de esta situación, lo es el consumo industrial, que utiliza más agua y es el que ensucia más.

Así, el riego representa el 66 por ciento del agua que se utiliza, pero casi la totalidad de esta está destinada a las regiones poco fértiles y de bajas precipitaciones. Las industrias utilizan el 20 por ciento, los hogares el diez por ciento y el que se evapora en depósitos es el restante 4 por ciento.

El agua es cada vez más escasa. En América Latina, menos del 20 por ciento de la población accede a esta de forma adecuada. Mientras que se estima que para el 2050, alrededor de 2.000 millones de personas de Oriente Medio y África vivirán “sin agua”, y cerca de 5.000 millones en zonas con escasez física o económica del recurso.

Por la escasez, Ciudad del Cabo recomienda desde el 1 de enero un consumo medio de 87 litros, pero la población niega el problema o no desea apoyar. Es así que desde el próximo 1 de febrero el límite de consumo diario será de 50 litros por habitante bajo pena de multa por los siguientes tres meses.

El escenario más cercano que vivió Lima a esta situación fue cuando las lluvias producidas por el fenómeno La Niña en marzo del año pasado provocaron el desborde de los ríos y enlodamiento de las plantas de potabilización del agua. Casi nadie tenía agua en sus casas. Pero este fue una forma de materializar nuestra “escasez económica del agua”, y puede tomarse como aviso de cómo sería vivir la realidad que Ciudad del Cabo pronto podría tener.

Ciudad del Cabo se encuentra en una zona de “escasez física del agua”, según ubicó el Fondo Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) en su ‘Mapa de escasez de agua’. En el informe “La economía del agua cada vez será más importante”, el mapa contempla dos zonas más: con “suficiente agua o muy poca escasez” y los que sufren de “escasez económica del agua”.

El informe entregado en noviembre del año pasado explica que los países con “escasez física del agua” son aquellos donde la demanda es mayor al suministro del recurso. Mientras que los de “escasez económica del agua” son los que con recursos hídricos carecen del suministro por infraestructura, contaminación o deficiencia para potabilizar el agua.

El WEF sitúa a Lima en la zona de “escasez económica del agua”, mientras que el Perú entero se divide en esta posición y la de “escasez física del agua”, en parte al llamado “estrés hídrico” que se produce por el crecimiento demográfico y económico de la región, con implicancia de un mayor consumo de agua potable y contaminación de las fuentes primarias.

En el Perú se consume en promedio poco más de 150 litros de agua por habitante cada día. La media del consumo de nuestro país es similar al de naciones como Noruega, Finlandia, Reino Unido o Alemania, donde sí tienen agua suficiente para ofrecer a su población y no padecen de carencias hídricas, según datos del WEF.

El 36 por ciento de la población mundial vive en “estrés hídrico”, según dice Marc Fortuño, autor del informe del WEF y dueño del Blog Salmón. El consumo doméstico no es el principal actor de esta situación, lo es el consumo industrial, que utiliza más agua y es el que ensucia más.

Así, el riego representa el 66 por ciento del agua que se utiliza, pero casi la totalidad de esta está destinada a las regiones poco fértiles y de bajas precipitaciones. Las industrias utilizan el 20 por ciento, los hogares el diez por ciento y el que se evapora en depósitos es el restante 4 por ciento.

El agua es cada vez más escasa. En América Latina, menos del 20 por ciento de la población accede a esta de forma adecuada. Mientras que se estima que para el 2050, alrededor de 2.000 millones de personas de Oriente Medio y África vivirán “sin agua”, y cerca de 5.000 millones en zonas con escasez física o económica del recurso.

El escenario más cercano que vivió Lima a esta situación fue cuando las lluvias producidas por el fenómeno La Niña en marzo del año pasado provocaron el desborde de los ríos y enlodamiento de las plantas de potabilización del agua. Casi nadie tenía agua en sus casas. Pero este fue una forma de materializar nuestra “escasez económica del agua”, y puede tomarse como aviso de cómo sería vivir la realidad que Ciudad del Cabo pronto podría tener.

Solo tres meses de plazo tiene Ciudad del Cabo para quedarse sin agua, según las estimaciones de la alcaldía local.

Esta crítica situación ha sido causada por tres años de bajas precipitaciones, además del aumento descontrolado de la población, que entre 1995 y 2018 incrementó un 79 %, mientras que, en igual periodo, la capacidad de las represas que abastecen esta metrópoli solo aumentó un 15 %.

De llegar a producirse el desabastecimiento, los grifos ya no distribuirán el agua, y los habitantes de aquella región deberán acudir a 200 puntos de distribución para colectar el líquido, los cuales serían controlados por el Ejército y la Policía.

Las autoridades han pedido a los 4,3 millones de habitantes de la capital surafricana que cuiden el preciado líquido, limitándose a usar menos de 87 litros por día.

Los negocios de aseo de autos y mantenimiento y rellenado de piscinas han sido prohibidos. Igualmente, los establecimientos comerciales deberán reducir sus consumos en un 45% a 60%.

Las famosas fuentes públicas de agua potable de Roma llamadas “nasoni” (en italiano, narices grandes) dejarán de funcionar de forma gradual la semana próxima ante la actual escasez hídrica causada por un clima inusualmente seco.

Las “nasoni”, de aproximadamente un metro de alto y hechas de hierro fundido, se llaman así debido a la forma curvada del grifo que proporciona de forma constante y gratuita agua potable para los transeúntes.

En una carta a la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, la compañía de agua Acea informó su decisión de “cerrar gradual y parcialmente” las más de 2.000 fuentes públicas de agua potable de Roma frente a la “excepcional situación de sequía” que afecta a la ciudad.

Grupos de consumidores se quejaron de que la medida obligará a los usuarios a comprar agua embotellada. A su vez, organizaciones de caridad y de protección animal advirtieron que las “nasoni” suelen ser ampliamente utilizadas por personas sin hogar y por animales y gatos que viven en la calle.

Acea aclaró que “era perfectamente consciente del inconveniente” creado por la decisión y se comprometió a redoblar los esfuerzos para arreglar las tuberías con filtraciones. Además, le avisó a la alcaldesa que podía solicitar que algunas de las fuentes permanecieran en funcionamiento.

El clima seco está afectando gravemente el suministro de agua y la producción agrícola en Italia. La semana pasada Raggi prohibió el uso de agua para jardinería en los hogares, el llenado de piscinas o el lavado de autos, pero la medida no parece estar siendo aplicada con rigurosidad.

La superpoblación, el no reciclado de las aguas grises, el despilfarro y la no utilización de las nuevas técnicas: desalado del agua de mar, utilización del agua de la climatización, etc. hacen que los suministros naturales estén cada vez más vacíos.

(°) Ingeniero, Presidente de FAPLEV, Vecino Solidario 2001.

El Lago Bracciano casi sin agua, de aquí Roma saca su agua:

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