Agua y vida en Marte.

Agua y vida en Marte”

Compilado por Manlio E. Wydler (°)

 

Desde las Phoenix, más que se sospecha que la tercera parte de la superficie del planeta está cubierta por hielo de agua. El hielo y la roca forman un permafrost similar al de la Antártida que varían en grosor en función de la latitud. En los polos, el hielo de agua se acumula bajo una capa de hielo seco, de CO2. En el polvo marciano, había señales de vida.

Pero, sea como sea, se desconoce cuál es la pureza, la profundidad y la estructura del hielo del subsuelo, porque los sensores de las sondas espaciales no pueden penetrar en las profundidades. Ahora, y gracias a los datos recogidos con la cámara de alta resolución (HiRISE) de la sonda espacial «Mars Reiconaissance Orbiter» (MRO), los geólogos planetarios han podido radiografiar las cicatrices heladas del planeta rojo para tratar de echar un vistazo a su interior.

 

Según los autores del estudio, las grandes acumulaciones de hielo que han vislumbrado a través de las grietas pueden llegar a los 170 metros de grosor, pero en ocasiones apenas están enterrados por una capa de tan solo uno o dos metros de polvo y rocas marcianas.

Según González Fairén, el hecho de «disponer de esta gran cantidad de hielo accesible a tan poca profundidad abre nuevas perspectivas no solo para la obtención de agua, sino también para fabricar combustible». Aunque es muy pronto para que estos objetivos sean realistas, algunos proyectos de viajes a la Luna o a Marte ya consideran que es esencial extraer recursos allí para conseguir que las misiones sean viables.

 

Las fracturas estudiadas se produjeron a causa de la erosión. Siete de ellas se encuentran en el hemisferio sur del planeta y una octava está en el norte, cerca del cráter Milankovic. Precisamente la falta de cráteres en la zona indica, según los autores, que el hielo se ha formado hace poco tiempo. De hecho, la antigüedad de estas fracturas se remonta al millón de años, un suspiro en términos geológicos.

Los investigadores han explicado que este hielo se formó a partir de nieve que luego se compactó y recristalizó. Parece ser que, con el paso del tiempo, la sublimación (la evaporación del hielo) y otros procesos, hicieron que el hielo se retirara. Esto, junto a cambios de temperatura, provocó la aparición de grietas y de una cierta textura en el agua helada.

 

¿Cómo es posible que nevara en Marte? Según Alberto González Fairén, «estos depósitos nos hablan de la historia moderna de Marte, de los últimos 5 a 10 millones de años». Por entonces, el planeta tenía una inclinación diferente respecto al Sol de la actual, que le proporcionaba las condiciones adecuadas para que nevara en abundancia y se formaran glaciares sobre el planeta. Este panorama es muy diferente al que estudian los robots Curiosity y Opportunity, que estudian los sedimentos y las rocas de un Marte pretérito con abundante agua líquida, hace 3.500 y hasta 4.000 millones de años.

El rover Curiosity explora las rocas y el clima más antiguo de Marte. El hielo permite estudiar el clima más reciente- Los lugares estudiados en esta investigación son, según Fairén, objetivos prioritarios para futuras misiones, ya que permitirían buscar pruebas de actividad biológica en el pasado, porque «el hielo sería un medio ideal para conservar los restos de esas posibles bacterias marcianas antiguas».

 

l primer lote de fotografías tomadas en Marte en 2018 por el rover Curiosity llevaba sorpresa. Las imágenes revelan la presencia de unas intrigantes estructuras tubulares que han llevado a los científicos de la misión a especular con la idea de que, por fin, habían encontrado fósiles en el Planeta Rojo. Tomadas el pasado 2 de enero, hace apenas una semana, en las fotografías se aprecian con toda claridad una serie de «tubos» muy pequeños, de apenas uno o dos milímetros de ancho y, el más largo de ellos, de 5 milímetros de longitud. Sus formas recuerdan a las de fósiles de antiguos organismos estudiados con anterioridad en la Tierra.

 

Las estructuras fueron identificadas por casualidad en una serie de imágenes previas, en blanco y negro, tomadas por el Curiosity el pasado diciembre, pero llamaron tanto la atención que los científicos decidieron hacer regresar el rover al mismo punto para echar un vistazo más a fondo, utilizando esta vez el instrumento MAHLI («Curiosity rover’s Mars Hand Lens Imager»), una cámara en color montada en el brazo articulado del vehículo robótico.

 

«Se trataba de algo lo suficientemente único como para que pensáramos que debíamos volver allí», explica a Space.com Ashwin Vasavada, investigador del Jet Propulsion Laboratory.

Por el momento, se desconoce la verdadera naturaleza de estas extrañas estructuras. Y aunque Vasavada admite que «no descartamos» que pudiera tratarse de los primeros fósiles hallados en Marte, también afirma que «ciertamente, no nos precipitaremos al decir que esa es nuestra primera interpretación».

Examinadas más de cerca, en efecto, las estructuras son lineales, pero no tubulares como podría serlo un cilindro. «En realidad -explica Vasavada-, son bastante angulares». El investigador especifica que «su sección transversal es cuadrada, o de paralelogramo, y forman ángulos cuando hay varios juntos». Lo cual podría significar que se trata de formaciones cristalinas, y no biológicas, una serie de «moldes de cristal» que también podemos encontrar en la Tierra.

 

Pasará algún tiempo antes de que los investigadores de la NASA se pongan de acuerdo en una interpretación definitiva. De hecho algunos de ellos parecen más proclives a la «solución biológica» que a la meramente geológica. Las razones para esta discrepancia de criterios resulta sencilla: el rover Curiosity no tiene la capacidad ni los medios suficientes como para diferenciar un proceso de cristalización de uno biológico.

 

El propio Masavada aclara que distinguir entre estas dos posibilidades «es algo realmente desafiante desde la Tierra, sin la posibilidad de poder llevar esas cosas a un laboratorio para buscar en ellas rastros de sustancias orgánicas. En general, tenemos una capacidad muy limitada para comprender si algo es biológico o no».

 

A pesar de ello, el equipo del Curiosity está exprimiendo al máximo las posibilidades del rover para tratar de resolver la cuestión. Así, además de las nuevas fotos del instrumento MAHLI, las intrigantes estructuras están siendo analizadas también con la «Chemistry and Camera» del Curiosity y con su espectrómetro de rayos X de partículas alfa. Con ellos, los investigadores esperan poder estudiarlas más a fondo y, quizá, encontrar pistas fiables sobre su auténtica naturaleza.

(°) Ingeniero, Presidente H de FAPLEV. Vecino Solidario 2001.

Los investigadores identificaron por primera vez las estructuras el 15 de diciembre